Juan Castillo
Geometría y Misterio de Barrio
19 de enero - 17 de febrero, 2002
Konstföreningen AURA
Krognohuset / Märtenstorget / Lund

 

Geometría y Misterio de Barrio, la actual muestra del artista chileno Juan Castillo (1952) en Konstföreningen AURA de Lund, es parte de un proyecto que consta de tres fases. La primera se inauguró en la Galería Metropolitana de Santiago de Chile (diciembre de 2001), la segunda es la muestra actual en AURA (19 de enero -17 de febrero de 2002) y la tercera tendrá lugar en Ekeby Kvarn Art Space en Uppsala (julio de 2002).

El material audiovisual básico de las tres muestras se generó en el contacto con los pobladores de la comuna Pedro Aguirre Cerda, en Santiago de Chile, donde el artista se instaló especialmente para realizar el proyecto. Allí Castillo registró 40 sueños de los vecinos para la muestra Geometría y Misterio de Barrio montada en la Galería Metropolitana, ubicada también en el mismo barrio.

La muestra de Konstföreningen AURA consta de una instalación que ocupa el sótano de la galería y el piso superior. En la penumbra del sótano Castillo ha montado una construcción central iluminada por un tubo fluorescente a cuyos costados hay dos cajas con acetatos iluminados desde atrás por ese mismo tipo de luz. Los acetatos son fotografías de dos de los livings en donde los pobladores han contado sus sueños. En medio del espacio, sobre el piso, un televisor inclinado hacia abajo refleja su imagen sobre la gran mancha de aceite extendida sobre un mapa del mundo. El video que se pasa en el monitor es un registro de la primera fase del proyecto.

En el piso superior volvemos a encontrar la simetría con que Castillo compone sus instalaciones. En los vidrios de las ventanas están escritos los nombres de los pobladores entrevistados. En las paredes hay una fila de cuadritos con vaciados de yeso y retratos fotográficos. Y a ambos lados de una ventana, al fondo del salón, se ubican dos grandes paneles con collages.

En el sótano, la percepción del espacio, en donde el orden y la luz juegan un papel central, es directamente ritual. La imagen central, especie de panel o construcción de madera con un vaciado de yeso sobre el cual se extiende un collage, se levanta verticalmente al fondo del sótano como un altar. Es más, sobre ella hay un tubo fluorescente cuya suave luz cálida podría asociarse con las velas de un candelabro, así como los cuadritos con vaciados de yeso y fotografías de rostros podrían asociarse o ser percibidos como las pequeñas ofrendas que la gente deposita sobre tumbas y altares en muchas regiones de Chile y de América Latina. Al respecto, el mismo Juan Castillo ha declarado, en relación a lo que ha llamado su "deuda con cuatro aspectos de las artes visuales", la importancia que para él ha tenido "la existencia de esos fantásticos monumentos que llamamos Animitas". Pequeños altares o construcciones funerarias iluminadas con velas, típicas del norte chileno, las animitas están profundamente grabadas en la infancia del artista. Pero no se trata simplemente de un recuerdo de infancia. Lugar donde la oscuridad se encuentra con la luz, donde la muerte y el fuego se juntan para trascender lo material, la animita es, desde su propio nombre hasta su imagen, el reflejo arquetípico de un mito universal.

La disposición simétrica de las dos cajas luminosas a ambos lados de la construcción anterior fortalecen la imagen del altar. Continuando con su manipulación mística de la realidad cotidiana, el artista sacraliza en ellas los lugares centrales de la elocución popular: en esos livings los pobladores de la comuna Pedro Aguirre Cerda, en Santiago de Chile, relataron sus sueños frente a la cámara de video. La imagen sobre un acetato, la imagen transparente, que deja pasar la luz de un tubo fluorescente colocado en el marco oscuro de una caja, es en ese contexto una imagen que se desmaterializa. O que se acerca al lenguaje luminoso de los sueños. Luz que se transforma en imagen e imagen que se transforma en luz, en el relato ritual del artista hay una latente e intensa multitud de sentidos concentrados en esa síntesis profunda que generan los mitos primigenios.

Pero allí está también el transvase y la manipulación de la materia. El ritual y la creación artística se completan con la manipulación que hace, a la manera de un sacerdote alquimista, el propio artista. Los chorretes de parafina sobre los acetatos (que tienen, además, la virtud de "congelar" las imágenes en otra calidad de transparencia), los cuadritos-ofrendas pegados con parafina sobre la construcción central del sótano, la gran mancha de aceite sobre el mapa del mundo, la cera chorreada sobre los cuadritos y sobre los nombres de los pobladores escritos en las ventanas del piso superior de la galería, además de la gestualidad pictórica con que ha retrabajado los collages, son todas marcas de una voluntad de reformular una información de la realidad gestada en el contacto más directo con esa misma realidad. Así como el aceite y el agua bendita condicionan los actos y las palabras, la parafina y la cera, en su transparencia material, violan la homogeneidad industrial del acetato y el vidrio al mismo tiempo que transforman esos materiales en soportes de un acto y un sentido.

Sin embargo, toda esa manipulación no tendría su acento ritual sin la palabra. Es la palabra la que en definitiva designa y denomina, inventa y fija las imágenes en la Historia. Como un archivador del testimonio, los nombres de quienes relataron sus sueños forman un patrón de letras negras sobre ventanas a través de las cuales (otra vez) pasa la luz. La palabra también es humor en los nombres que el artista le ha puesto a los collages del piso superior -"La otra" y "Ella"- en un juego que alude al manido tema de la otredad. Sobre el mapa del mundo, en el piso del sótano, está escrito un verso de un poema del poeta chileno Sergio Parra: "sobre el espejo del pensamiento", en el mismo lugar en que se reflejan las imágenes del monitor. Imágenes de las entrevistas donde los vecinos de un barrio marginal de Santiago cuentan sus sueños con sus propias palabras. Palabras que el artista extrae, aisladas del discurso, para recolocarlas en los pequeños cuadros: "tierra", "naturaleza", "drama", "sur", "intimidad"...

Sergio Altezor