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Imágenes del exceso:
posibilidades
de una crítica de la sobremodernidad
"El espectáculo es el
capital en un grado tal
de acumulación que se transforma en imagen"
La sociedad del espectáculo.
Guy Debord
por Teresa Bordons Gangas
Artículo publicado el 15/03/2005
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Figura 1.
Andreas Gursky.
Chicago Board of Trade II.
1999. Cibachrome. 207 x 336.8 cm. |
Es difícil resistirse a la tentación
de iniciar con una cita de Debord cuando nos proponemos hablar del exceso
de imágenes en la sociedad contemporánea, o de las imágenes
del exceso. La sociedad del espectáculo que describió en
1967 se sigue superando a sí misma en buena lógica del funcionamiento
del sistema de la mercancía: repetirse igual y nueva a la vez en
el mercado. Como mercancías por excelencia del presente, las imágenes
en sobreabundancia inundan nuestra existencia cotidiana, caracterizada
por el antropólogo Marc Augé como sobremodernidad; no sólo
hablamos de una cultura predominantemente visual sino de una cultura y
una existencia en la que las relaciones personales están establecidas
como relaciones entre imágenes, dominadas por el fetichismo de
la imagen. En la posterior superación de la descripción
que hacía Debord de la realidad de los sesenta se comprueba precisamente
la exacta lucidez de sus planteamientos.
En aquellos momentos, los artistas visuales no pudieron eludir una reacción
ante lo que se perfilaba nítidamente como la inexorable presencia
masiva de las mercancías en una sociedad de consumidores: la sociedad
de la abundancia materializada en la imagen de la atractiva comodidad
de los espacios privados y la brillante tentación de los lugares
del ocio.
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Figura 2.
Richard Hamilton.
Just What Is It That Makes Today's Home So Different, So Appealing?.
1956. Collage. 26 x 25 cm. |
Aquel primer fotocollage pop de 1956 de Richard Hamilton
que hoy despierta cierta ternura, entre el kitsch y la nostalgia, se asomaba
-rozando los límites entre la modernidad y la postmodernidad- al
nuevo escenario en el que la imagen comenzaba a reinar en contradictoria
y conflictiva rivalidad consigo misma. Durante los sesenta, los artistas
visuales que fueron testigos de la primera guerra televisada y del arranque
infalible de la sociedad consumista, se valieron de la yuxtaposición
de imágenes de dos realidades que se repelían -la suciedad
y crueldad de la guerra allá lejos, acá la comodidad del
hogar y la satisfacción de los deseos. El retorno a la figuración,
excluida del ámbito del arte de vanguardia en las décadas
anteriores, y el acercamiento de objetos y motivos de la vida cotidiana
a la esfera del medio artístico, podían resultar efectivos
para expresar una posición de rechazo.
| no hay imagen |
Figura 3.
Wolf Vostell. Miss America. 1968 |
En estos collages y fotomontajes de los sesenta era esencial
el funcionamiento pleno de la distinción entre las imágenes
que representaban las realidades de la guerra, del dolor, de la crueldad
y las imágenes que, por antonomasia, representaban una realidad
ficcional: las de la publicidad, la moda, el consumo. En términos
del análisis que hará una década después Jean
Baudrillard (1978), a partir de una metáfora tomada de una fábula
de Jorge Luis Borges, todavía no se había dado la coincidencia
plena entre la realidad y su mapa, todavía era efectiva la clara
diferencia entre la realidad y los simulacros.
Pero en esas mismas fechas, en la década de los sesenta en que
todo pasó y todo pudo haber pasado, Arthur C. Danto ubica el fin
de una época y el principio del postmodernismo en las artes visuales.
Es más, Danto se atreve a fechar el momento y especificar el lugar
en que esta transición se hizo efectiva: abril de 1964, exposición
en la galería Stable de la caja de Brillo de Andy Warhol. La imposibilidad
de distinguir en su apariencia entre una caja de real de limpiadores Brillo
y una caja de Brillo simulada, y la presencia de este objeto de uso cotidiano
en el espacio de la galería de arte, define simbólicamente
la madurez de la era de los simulacros que tan detalladamente ha descrito
Baudrillard en sus textos. Las imágenes de la guerra de Vietnam
proyectadas en las pantallas de televisión de los sesenta y en
los fotomontajes de los artistas del pop eran todavía modernas,
en el punto de quiebre del inicio de un proceso de espectacularización
e hiperrealidad que culminará en la afirmación de que la
guerra del Golfo nunca existió que utilizó Baudrillard en
1991 para ahondar en su análisis de la "realidad" del
fin de siglo. El propio desarrollo de la obra de Warhol, encarnación
de las contradicciones del Pop, es síntesis de este proceso: la
distancia que va desde la serie de latas de sopas Campbell de los sesenta
a sus cajas de sopas Campbell de los ochenta marca la diferencia entre
una reflexión original sobre la imagen como mercancía y
una repetición de copias en un mundo de simulaciones sin distancia
crítica. (Baudrillard,1995)
Las latas de 1962 eran imagen del exceso, que provocaba con nuevas propuestas
plásticas un cuestionamiento del mismo medio artístico en
el contexto del ya manifiesto y acelerado desarrollo del sistema de la
mercancía; imágenes del exceso incipiente que al iniciar
el siglo XXI se corresponderán con el exceso de imágenes.
Vivimos en el contexto de una sociedad de consumo impregnada de una "estetización
difusa", en términos de José Luis Brea, en la que las
distinciones entre arte, entretenimiento y publicidad se van adelgazando
hasta que en muchas ocasiones se hacen difícilmente discernibles.
| no hay imagen |
Figura 4. Jake and Dinos
Chapman.
CFC6311561.1. 2002 |
Ante la saturación de imágenes-mercancía,
se ha buscado en ocasiones por parte de los artistas visuales que la mirada
contemporánea reaccione por sobreexposición y se convierta
en cómplice de la crítica que hace el artista, pero es admisible
reconocer que en la estrategia está contenida la neutralización
del mensaje: "Even in her critiques of consumer culture, Barbara
Kruger is consistently promoting mass consumption of the Kruger brand"
(Gleason), dirá un detractor de la artista norteamericana.
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Figura 5.
Barbara Kruger.
Sin título. 1987 |
En la misma tónica, la artista suiza Sylvie
Fleury quiere jugar con un carrito del super, entronizado como nuevo becerro
de oro, y con las bolsas de marca que no sólo son contenedores
de mercancías sino objetos fetiche en sí mismo, imagen pura.
La mexicana Tania Pérez muestra en la exposición el dibujo
de las botas de diseño que se compró con el presupuesto
asignado por sus patrocinadores y que estrenó en la inauguración
del evento.
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Figura 6.
Sylvie Fleury.
Ela75/K. Easy. Breezy. Beautiful. 2000 |
El usuario absorbido por el consumidor, el valor de uso engullido
por el valor de cambio, el artista confundido con el vendedor, la crítica
rebajada por la burla en unas sociedades donde, en paráfrasis de
Guy Debord, "todo lo que se vivía directamente se ha alejado
en una representación".
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Figura 7.
Andreas Gursky.
99 cents .1999. Cibachrome. 207 x 337 cm |
El planteamiento de Guy Debord sobre el triunfo del espectáculo
en la fase avanzada del capitalismo se transforma, despojado de su sustento
marxiano, en la teoría conspirativa del crimen perfecto de Baudrillard:
la realidad ha sido aniquilada y sustituida por el simulacro, copia sin
referentes externos. Esa realidad sobrepasada es la de la sobremodernidad
de Marc Augé, caracterizada por el exceso. Exceso que, en aparente
contradicción, Augé asocia precisamente con los que denomina
no lugares: aeropuertos, supermercados, autopistas, grandes hoteles....
Lugares que, en oposición a la definición de lugar desde
una perspectiva antropológica, se caracterizan por la ausencia
de relaciones de identidad con un territorio, con sus semejantes y con
los otros por parte de aquellos que los ocupan.
Sobremodernidad, hiperrealidad, postmodernidad... sobreabundancia de mercancías
e imágenes que busca expresarse en los sufijos y que empuja los
límites de las dimensiones de la representación de la imagen
misma del exceso, como por ejemplo en las fotografías de grandes
dimensiones de Andreas Gursky. La sobremodernidad como supermercado, citando
a Michel Houllebecq; o como representación de lo que nosotros hemos
considerado en este trabajo como un no lugar por excelencia, aquel donde
se puede congelar en un momento ficticio la incesante circulación
de la mercancía por excelencia, el dinero.
La fotografía de la Cámara de Comercio de Chicago de Andreas
Gursky con la que iniciamos este ensayo (Fig.1), imagen digitalmente alterada,
se puede constituir sin duda alguna en epítome de la cuestión
planteada: representación estética y estática de
la fluidez esencial de la sociedad del capitalismo multinacional que hace
al espectador testigo de la transformación del capital en imagen,
en espectáculo, y lo transforma en potencial consumidor de la imagen
mercancía que es la fotografía de Gursky, si dispone de
unos $600,000.00 dólares para una fotografía original (www.
yahoo.businessweek.com). o de $28.32 dólares para un poster que
puede comprar por Internet (www.popartuk.com).
Slavoj Zizek, interpretando la sociedad contemporánea a través
del cine con óptica lacaniana, pone de manifiesto de modo lúcido
el punto central de la postmodernidad analizando los mecanismos con los
que se consigue el efecto del horror en las películas. Si el procedimiento
clásico es evitar enfocar el objeto mismo del horror y lo muestra,
en cambio, a través de sus efectos en víctimas y testigos,
el postmodernismo muestra el vacío mismo, exhibe la ausencia, enfoca
con la cámara el horror; en otros términos, los de Jean-Francois
Lyotard, mientras en la modernidad la estética nostálgica
de lo sublime, ante la imposibilidad de representar lo irrepresentable,
hallaba placer y consuelo en las mismas formas de la belleza que expresaban
esta ausencia, en la postmodernidad se niega la posibilidad del consuelo
y se enfatiza la irrepresentabilidad, la ausencia.
Sería, entonces, una estética del desconsuelo la que caracterizaría
el postmodernismo, desconsuelo alimentado incansablemente por la sobreabundancia
de imágenes de la ausencia, imágenes que alardean a gritos
del exceso de ausencia y evidencian los excesos en la búsqueda
de la diferencia.
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Figura 8.
Jeff Koons
Pink Panther. 1988. |
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Figura 9.
Allan McCollum.
Over Ten Thousand Individual Works. (detalle). 1987-88.
Yeso pintado. diámetro 2", largo variable, cada pieza
única. |
Producción en grandes cantidades de objetos inútiles
únicos realizados en yeso con moldes a partir de cientos de pequeños
recipientes, tapas, accesorios, piezas, etc. encontrados en la vida cotidiana
que son finalmente pintados a mano y exhibidos en grupos de más
de diez mil. Obras individuales que no adquieren valor sino en masa, donde
el exceso de cantidad atribuye un significado a su nulo valor de uso y
su originalidad. La interpretación de la obra de McCollum puede
ser evidente en exceso, como la obra misma. Una vez pasada la primera
impresión de estar contemplando idénticas piezas de desconocida
utilidad para algún sector industrial, esta presunción alimentada
por el sistema de producción dominante se ve atacada por la aberración
-dentro de la lógica de la producción de mercancías
en masa- del carácter único de cada una de ellas y aún
más por el absurdo de haber sido pintadas cada una de ellas a mano.
Ante las cantidades excesivas de originales de McCollum es prácticamente
obligado traer a colación algunas ideas centrales en las discusiones
de la historia del arte contemporáneo que parecen sintetizarse
en ellas, a través de la referencia inevitable a El arte en la
época de la reproductibilidad mecánica de Walter Benjamin
-ese texto que cada uno parece poder citar a conveniencia cuando de hablar
de fetichismo aurático se trata: en Over Ten Thousand Individual
Works están los objetos encontrados desde Duchamp, el arte concebido
como concepto (después de Duchamp), el valor de cambio de la obra
de arte como mercancía, el cuestionamiento de la "pincelada"
magistral como esencia del arte, el arte que reflexiona sobre su propia
posibilidad de ser como arte al final del siglo XX.
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Figura 10.
Spencer Tunick.
Barcelona. 2003. |
En el año 2003 Spencer Tunick rompía su record:
7,000 personas desnudas fotografiadas en una avenida de Barcelona. Multiplicación
de las diferencias a través de la "repetición"
de la especie; en la propuesta de Tunick, los cuerpos en su más
íntima presentación invaden un espacio público y
exceden los límites de las definiciones de lo privado y lo público,
del artista y su modelo, de lo masculino y lo femenino, de lo humano y
lo animal. La disolución de las fronteras, rebasadas por el exceso
de cuerpos, entraña la posibilidad de plantear si quizá
el reto en los inicios de los trabajos de Spencer Tunick, que tuvo como
consecuencia su arresto en varias ocasiones en Estados Unidos, ha sido
también superado y excedido y, en el exceso de las repeticiones
de sus instalaciones temporales, fotografiadas y filmadas, ha pasado de
manera fluida a incorporarse al cómodo circular de las mercancías.
La exploración del cuerpo como sitio privilegiado para expresar,
recontextualizar y resignificar prácticas y discursos sociales
y artísticos se ha venido desarrollando con intensidad creciente
desde finales de los años cincuenta, llegando quizás a cotas
simbólicas en el caso de Orlan o los accionistas vieneses; y la
intensidad de muchas de estas manifestaciones en la expresión,
precisamente, de la paradoja de la irreductible individualidad del cuerpo
único pero semejante, privado pero entendido e interpretado a través
de discursos públicos, hace que las excesivas superficies públicas
que Tunick cubre de cuerpos desnudos, asexuados, inanimados, se presten
a ser consideradas representación adecuada de la proclive transformación
de los lugares públicos en no lugares de la sobremodernidad.
En cierta forma, la saturación de cuerpos desnudos en las fotografías
de Tunick lleva de manera inevitable a pensar en la ya famosa interpretación
que hace Jean Baudrillard de la cultura visual postmoderna como "pornográfica",
en el sentido de la desaparición o aniquilamiento de la ilusión
a favor del acercamiento máximo y el total desvelamiento. Pero
estos planteamientos metafóricos sobre el exceso de transparencia
en la sociedad contemporánea que Baudrillard denomina también
obscenos, se explicitan acercándose a la literalidad en el caso
del trabajo de Jake y Dinos Chapman, los denominados "chicos malos"
del joven arte británico. Su trabajo ha sido definido como una
"eflorescencia de exceso, manierismo y perversidad" (Damianovic),
y en él, semejanza, repetición, diferencia, sexualidad,
violencia y transgresión entran en juego para constituir la rotunda
inestabilidad que comunican sus obras.
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Figura 11.
Jake y Dinos
Chapman.
Zygotic acceleration, biogenetic, de-sublimated libidinal
model (enlarged x 1000). 1995. Fibra de vidrio. |
Para algunos, el exceso de su atrevimiento se ha alcanzado
en una de sus últimas obras, Injury to Insult to Injury (2004)
(Agravio para insultar al agravio ) creada a partir de una de las 150
ediciones existentes de una serie de Los desastres de la guerra de Francisco
de Goya editada en 1937 que ellos han intervenido y "mejorado",
en palabras de los Chapman, mediante la sustitución de las caras
de las víctimas por muñecos y payasos.
En opinión de José Jiménez, los artistas han llevado
a cabo un "rescate" de la obra de Goya, pues frente a "la
proliferación masiva de imágenes de violencia y destrucción
en los medios de comunicación", una de las pocas posibilidades
de reaccionar otra vez frente a la tortura y la crueldad es un "latigazo",
como el que se puede provocar a través de una transgresión
como la que realizan los hermanos Chapman. Realmente tal interpretación
es plausible a partir del nuevo título con que bautizan la serie
intervenida, aunque la actitud de los responsables de la acción
en referencia a ésta y otras obras de su autoría suele haber
sido reacia a atribuir una directa y manifiesta intención de buscar
reacciones de tipo "humanista", según sus palabras, en
sus trabajos (Damianovic; Hernández). Es más, ante el cuestionamiento
acerca de lo inapropiado de su actuar, se justifican en términos
del incremento de valor (de cambio) que ha experimentado la serie de grabados:
fue comprada por ellos a un precio de 40.000 euros y vendida por ellos
en 240.000 euros a un coleccionista japonés después de la
intervención (Hernández). Aun sin negar el grado de cinismo
y/o provocación que pueda encerrar tal respuesta, lo cierto es
que los Chapman no hacen sino expresar la realidad del espectáculo
de la mercancía.
Es esta realidad en su absoluta transparencia la que se manifiesta en
la perversidad de sus excesos: de grado de violencia, de números
de víctimas, de explícita sexualidad... En este sentido
es que se hablaría de manierismo en el caso concreto de un trabajo
de apropiación y "revalorización" como el de los
Chapman, en el que nosotros interpretamos esa trasparencia obscena como
la negación de consuelo que Lyotard plantea como característica
de nuestro postmodernismo: no hay forma del arte que estéticamente
consuele de la imposibilidad de representar la irrepresentabilidad, o
traducido a los términos de nuestras propuestas, la diferencia
que puede llegar a manifestarse en el arte está permanentemente
expuesta a convertirse en diferencias en exceso, en imposibilidad de diferenciarse
de las imágenes del exceso de mercancías: los más
de diez mil trabajos individuales de McCollum, los organismos de miembros
múltiples de los Chapman, las citas multitudinarias de desnudos
de Tunick, las filas de mercancías a 99 centavos de Gursky... En
términos de Fredric Jameson, "la imagen es la mercancía
del presente y por eso es vano esperar de ella una negación de
la lógica de la producción de mercancías" (1999).
________Lista de figuras
Figura 1. Andreas Gursky. Chicago Board of Trade II. 1999.
Cibachrome. 207 x 336.8 cm.
Figura 2. Richard Hamilton. Just What Is It That Makes Today's Home
So Different, So Appealing?. 1956. Collage. 26x25 cm.
Figura 3. Wolf Vostell. Miss America. 1968
Figura 4. Jake and Dinos Chapman. CFC6311561.1. 2002
Figura 5. Barbara Kruger. Sin título. 1987
Figura 6. Sylvie Fleury. Ela75/K. Easy. Breezy. Beautiful. 2000
Figura 7. Andreas Gursky. 99 cents .1999. cibachrome. 207 x 337 cm
Figura 8. Jeff Koons Pink Panther. 1988.
FIgura 9. Allan McCollum. Over Ten Thousand Individual Works. (detalle).
1987-88. Yeso pintado. diámetro 2", largo variable, cada
pieza única.
Figura 10. Spencer Tunick. Barcelona. 2003.
FIgura 11. Jake y Dinos Chapman. Zygotic acceleration, biogenetic, de-sublimated
libidinal model (enlarged x 1000). 1995. Fibra de vidrio.
Bibliografía ________
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de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa.
Baudrillard J, (1978), "La precesión de los simulacros".
Cultura y simulacro. Barcelona: Kairós.
Baudrillard J, (1995), "Ilusión y desilusión estética".
Letra internacional. N°39.
Brea, J L, "La estetización difusa de las sociedades actuales
-y la muerte tecnológica del arte". www.aleph-arts.org/pens/index.htm
Damianovic M, (1997),"Interview Jake and Dinos Chapman". The
Journal of Contemporary Art. www.jca-online.com/chapman
Danto A C, (1999), Después del fin del arte. El arte contemporáneo
y el linde de la historia. Barcelona: Paidós.
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Gleason, Matt. "Kruger. You can't Teach an Old Dog Stop Doing Bad
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Jameson F, (1999),"Transformaciones de la imagen en la postmodernidad".
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Jiménez J, "Goya, los Chapman y la inhumanidad". El
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Houellebecq M, (2000), El mundo como supermercado. Madrid: Anagrama.
Lyotard J-F, (1994), La postmodernidad (explicada a los niños).
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Zizek S, (2000), Mirando al sesgo. Una introducción a Jacques
Lacan a través de la cultura popular. México: Paidós.
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