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La globalización neoliberal y la individuación
"Los
sueños se marchaban de viaje. Helena iba hasta la estación del ferrocarril.
Desde el andén, les decía adiós con un pañuelo".
Eduardo Galeano Introducción El
presente ensayo relata como a fines del siglo XX y comienzos del XXI las sociedades
comienzan a vivir un proceso de globalización acelerado, acompañado
por un sistema económico e ideológico neoliberal, que impuso un
estilo de vida centrado en el mercado, siendo el individuo la categoría
central, el gran jugador. En Chile este proceso de asentamiento neoliberal, se
da por la fuerza y el orden, sin ninguna legitimidad política, donde no
hubo alternativa posible de lucha; y que persiste hasta hoy. Lo que fue provocando
poco a poco el consentimiento generalizado de aceptación de un modo de
vida y que fue a su vez impulsado por la perdida de referentes políticos
de lucha, donde el gran ganador fue el mercado tanto privado como público.
La tesis que quiero proponer es que la globalización neoliberal ha producido
un proceso de desintegración social que ha tenido como uno de sus efectos
la individuación. Problema que será abordado desde la perspectiva
del consumo como referente de pautas de conductas y estilos de vida; desde la
tecnología de Internet como el gran comunicador impersonal; desde la privatización
del espacio publico y del debilitamiento de la política; entre otros; todo
aquello redunda en la conformación de un individuo que pierde como horizonte
la transformación colectiva de la sociedad. De esta manera concuerdo con
la tesis de Jorge Larrain (PNUD-2000) respecto a que la dictadura produjo un cambio
cultural profundo que colocó al consumo como base de construcción
de identidades y búsqueda de reconocimiento. La
globalización neoliberal y la individuación En el Siglo XXI
nos encontramos inmersos en un proceso de Globalización (1), una sutileza
más del capitalismo, que se refiere a una nueva forma (y no tan nueva)
de sometimiento y dominación en términos económicos, culturales,
comunicacionales e ideológicos; donde los países en desarrollo lo
asumen como sistema de vida sin siquiera pensar si existe una alternativa para
su transformación. Entonces, se reconoce como un hecho dado, como algo
natural, que no es posible de cambiar. Lo que ha traído como consecuencia
para nuestras sociedades, la adquisición de pautas de vida y de consumo
identificados con el mercado y el individuo como única categoría
de análisis, siendo "el mundo de los negocios y el consumo el nuevo
mundo político" (2), dejando de lado el espacio público, lo
colectivo, como posibilidad de transformación social. De que estamos
hablando, de un sistema mundial capitaneado por algunos imperialistas (EEUU y
otros), que nos imponen una "integración económica" liderada
por el neoliberalismo acérrimo, que trae consigo desventajas comparativas
para los pueblos Latino Americanos. Parafraseando a Norbert Lechner (3) "nos
enfrentamos al siguiente dilema: por una parte, el desarrollo económico
depende de una inserción competitiva en los campos más dinámicos
del mercado mundial (con todo lo que esto implica) y por otra, la apertura al
exterior profundiza aún más las ya graves desigualdades sociales
al interior de la sociedad latinoamericana". En este sentido, se produce
una fragmentación por la falta de incorporación a los procesos sociales
y económicos, y a su vez, una integración segmentada que se realiza
a través del consumo (para saciar los apetitos de individualidad), que
traen consecuencias negativas para los sectores que no se encuentran incluidos
y produce nuevas capas de excluidos. Entonces el fruto del crecimiento económico
en este modelo globalizado ha sido para las minorías privilegiadas. No
hay que olvidar que Chile tiene una de las peores distribuciones del ingreso de
Latino América. Así, "el neoliberalismo convirtió al
sistema financiero de nuestros países en una gigantesca fuente de poder
y enriquecimiento de unos pocos, en base al monopolio del comercio del dinero,
a la discriminación entre los usuarios del crédito y al aprovechamiento
de los ahorros de los trabajadores, de los pequeños y medianos productores"
(4) Pues bien, en este marco global neoliberal, cambia la visión del
Estado a uno que se condice con un tipo de institución que tiene que ser
funcional a su proyecto económico-ideológico, por tanto debe permitir
la existencia de un mercado regulado sólo en sus fallas, centrado en el
individuo como consumidor y con políticas o políticos que no interfieran
sus fundamentos. Como lo expresa Leopoldo Muñoz (5) "el neoliberalismo
ha llegado a ser la mayor religión universal". En Chile, este modelo
fue impuesto tempranamente por la fuerza y el terror del tirano, que permanece
en sus fundamentos cada vez más complaciente con el ala gobernante, donde
se persiste en la subordinación de la subjetividad. Se agrega ha este entramado
el desdibujamiento del Estado-nación, que ya no es un referente soberano
y autónomo, con poder para determinar sus políticas integrativas,
sino uno que debe someterse a patrones políticos y económicos que
socavan la solidaridad, la organización social de las naciones y su sistema
económico; por tanto cambia la concepción de ciudadano. Así,
el ciudadano es invitado a consumir sus derechos, donde se ha eliminado el ciudadano
político que interfiere en el campo socio-económico, "desde
las estructuras del poder se ha preferido mas bien desmovilizar" (6) En
este sentido, la política, en el marco global, ya no es considerada como
un interlocutor válido de lucha entre Estado y sociedad civil, el mercado
ha ido ganando espacios en forma desmesurada y la ha remplazado. Así lo
observa Norbert Lechner, exponiendo que la política se ve "como la
administración de un presente permanentemente acordado con el mercado.
Es este el que reorienta la política" (7). Es a causa de esta nueva
definición de la política que es negada y enfatizado lo individual,
que hoy en Chile se plantea desde la nueva gestión pública, a la
política pública, como mediador entre ciudadano (consumidor) y Estado.
Entonces, ya no es el sistema político quien moviliza la conciencia colectiva.
Como lo exhibe Dimas Santibáñez "el Estado y la necesidad de
conducción política que este requiere, encuentra en las políticas
públicas un equivalente funcional, lo suficientemente efectivo en el marco
de la racionalidad desplegada, para articular la toma de decisiones económicas,
políticas y sociales". En este esquema el ciudadano pasa a ser consumidor
con derechos de exigir un producto de "calidad". Así, los gobierno
de la concertación continúan retrayendo a la política, "la
sociedad chilena actual se caracteriza por ser, ante todo una sociedad de mercado,
o sea, una sociedad donde las reglas y dinámicas del mercado determinan
la conducta, las expectativas y preferencias de la gente...la privatización
de la política, una política entendida como extensión de
las estrategias privadas, y la instrumentalización del Estado en función
de las exigencias de la economía de mercado" (8) De esta manera, la
política pierde su poder de encantamiento, todo parece un juego, que se
organiza desde las cúpulas, entre políticos y dueños del
capital -otra forma de mutilar a los movimientos sociales-, los que deciden qué
hacer, cómo hacer y para quién hacer, sin comprometer en su más
mínima expresión al sistema neoliberal. Ciertamente,
la globalización y la despolitización, producen perdida de referente
de lucha social, lo que hace que nos volvamos al espacio privado, donde "la
gente se retira del ámbito publico para volcarse a estrategias individuales
de logro...la vida social se encuentra determinada por la vida privada, la cual
establece el horizonte de sentido" (9). De esta manera las luchas colectivas
quedan mudas, siendo el gran referente el consumo- a través del crédito-
(en la medida de cada cual), convirtiéndose en la alternativa viable y
única para satisfacer los deseos de libertad ausente. Agregándose
además, dispositivos de crecimiento integral-personal (gimnasios, metafísica,
superación de los Karmas, etc.), logrando con esto acercarnos cada vez
más a la individuación. Así, surge un ciudadano neoliberal
que es regulado por el mercado y obligado a ser consumidor de sus derechos. Parafraseando
a Tomás Moulian, "esta sociedad, el Chile Actual, se concibe como
un gigantesco mercado donde la integración social se realiza en el nivel
de los intercambios más que en el nivel de lo político" (10). Entonces
es en el mundo de las ideas, de las concepciones, que la globalización
neoliberal impone una cultura pensada por algunos como un "bien comerciable";
un estilo de vida (para los que se pueden integrar); modos de ser, de relacionarse,
con mucho de fachada o estetización; que hace que los sujetos conserven
solo su individualidad (unidad particular) en el sentido que desaparece el referente
colectivo para pensar y transformar la realidad que es dada. La subjetividad aparece
cercenada, donde cada persona adquiere un concepto de vida individualista, que
a su vez, es homogéneo. Los individuos en tanto tal no pueden apropiarse
del espacio cultural, ya que no participan mediante colectividades que forjen
este ámbito. Las pautas de conducta o los estilos de vida responden a patrones
preestablecidos por la dinámica de la globalización neoliberal ¡Buena
cosa ha sido penetrar en las mentes de los individuos para que acepten el sistema
como dado! Ya no hay presencia de utopías que nos colectivicen, se ha
borrado de nuestra historia la posibilidad de transformación. Hoy solo
se piensa a la sociedad como estrategia de supervivencia individual, donde confluyen
colectivamente solo a través del consumo "como una "producción
de sentidos" que contribuye, a su manera, a darle significado a la vida cotidiana
de las personas" (11). Los modelos son impuestos y aceptados espontáneamente,
sin mediar reflexión alguna que pueda modificarlos, como por ejemplo el
consumo de ciertos productos, que dañando la salud, son incitados a consumir,
con todo un basamento legal que les propicia su distribución. En términos
culturales, esta aldea global, ha facilitado la perdida de identidad, donde los
"objetos extranjeros son apropiados y re-significados por las culturas nacionales,
sin dejar de ser algo ajeno" (12), donde las redes de información
(televisión, Internet, computación, entre otras) permiten instalar
en cada sociedad bienes simbólicos transnacionales y traen consigo la promesa
de la integración, que han sido los dispositivos facilitadores del proceso.
Así, estamos sometidos a redes de información comunicacionales
que permiten la puesta en escena de bienes simbólicos transnacionales.
Su consumo permite un cambio de estilo o enajenación, mediante el divertimento.
Parafraseando a García Canclini " (...) La gente no ve lo que prefiere,
sino que prefiere lo que le ofrecen " (13) Entonces, el consumo cultural
se realiza sin reflexión crítica, donde la vida cotidiana se vuelve
un continuo progresivo del consumo en todas sus dimensiones. Mientras los excluidos
viven una cotidianeidad en aumento de la pobreza y de la no inclusión en
los avances tecnológicos, donde se produce una nueva separación
entre enchufados y desenchufados (como diría Martín Hopenhayn analfabetismo
cibernético) Con una mirada futurista, se vislumbra que la tendencia de
"Dios" será que todos tengan acceso a esta nueva forma de enajenación,
mediante bajos costos de productos de la informática e inclusión
del sistema en distintas esferas de la vida, como por ejemplo, en la escuela,
y así socializar a toda la humanidad sin exclusión respecto del
modelo dominante. De esta manera el "dispositivo de saber" construye
individuos trasnacionalizados culturalmente a través de adquisiciones de
patrones foráneos en su consumo. Pues, una de las sutilezas de esta globalidad
es el mundo virtual que se maneja a través de Internet como medio de comunicación,
donde se llega a la conciencia individual con mensajes de consumo y de comportamiento
que apuntan a conciliar la rapidez de respuestas universales con el acelerado
mundo de la vida cotidiana. En general, este instrumento, el televisor y el celular
apuntan a la individuación, dado que descontruyen relaciones interpersonales
cara a cara no permitiendo movilizar la subjetividad, pasando a constituirse en
representaciones simbólicas de status y prestigio. Este modo no tiene
sólo como consecuencia penetrar nuestra conciencia, sino también
inmovilizarnos, que cada vez más el espacio privado nos contenga como una
gran 'bola anaranjada' (único espacio posible), donde necesitemos relacionarnos
lo mínimo con la esfera pública, y así los conflictos sociales
queden ajenos en nuestra cotidianeidad, para que las luchas las de cada cual en
su hogar, entonces se trata de privatizar hasta la existencia de ser. Todos
quieren ser consumidores, algunos pueden consumir toda la gama, otros se endeudan
y consumen más que lo posible, otros son los marginales. Cada cual tiene
la responsabilidad individual de satisfacer su necesidad de consumo. Así,
"la conversación social...tiende a girar en torno a aspiraciones y
frustraciones de consumo"(14) De esta manera nos volvemos consumidores acríticos
como única salida, nos pos-individualizamos, "la palabra individualista
nos resulta ahora más musical que la palabra colectivista, y ya no tan
pecaminosa" (15). Como consecuencia de este proceso globalizador, de
las variadas formas de integración (económica, cultural, simbólicas,
política, entre otras), se produce al mismo tiempo mayores posibilidades
de desintegración (perdida de referentes ideológicos, pobreza, desmantelamiento
de movimientos sociales, descultura, etc.). Los integrados de ayer y de hoy seguirán
compartiendo códigos de consumo; mientras los excluidos seguirán
siendo los eternos premodernos de la era de la globalización, ya que la
integración no vendría dada por la modernidad. Entonces una de las
paradojas de la globalización se relaciona con la propuesta de integración
mundial como parte de la totalidad y, a su vez, con la desintegración social
de viejos y nuevos segmentos; por un lado une y por otro desintegra. Tiene como
dispositivo de saber construir individuos trasnacionalizados, a través
de adquisiciones de patrones foráneos en su consumo, tanto para los que
pueden consumir, y para los que no, incorporándolos de forma virtual, por
ejemplo paseando por un Mall. De esta forma se construye un cuerpo de verdades
válidas acerca de la realidad, cualquier desviación radical que
se aparte del orden institucional aparece como una anomalía. Entonces las
desviaciones tienen que ser canalizadas a través de mecanismos que permitan
integrar a este cuerpo de verdades. Así, la existencia de este orden social
que es asumido como verdad, traspasando el nivel cognitivo, el nivel normativo,
donde las estructuras tienen en forma inmanente el discurso del poder, no es otra
cosa que una construcción de un poder "reificado" (16); entonces
¿cómo se entiende, la apología de la producción del
hombre que influye de manera activa sobre el mundo?, ¿Cómo se puede
transformar al individuo en sujeto?, ¿Cómo construimos subjetividad
social? Es posible esto, si la referencia, se hace hacia la esfera privada, donde
el individuo se transforma más y más en individuo, donde existen
'cirugías cerebrales' (olvido de la memoria histórica), donde se
echan al olvido las desigualdades, tan sólo el acumular para ser feliz
y donde los derechos humanos solo tienen sentido o se validan en el mercado. En
esta lógica, el fenómeno global de integración no puede ser
otro que el del consumo e individuación. 1
Andrés Sáenz Vergara: "La dominación en la aldea global
y la táctica del imperio" . www.sapiensa.cl
2 Norbert Lechner:
"Que significa hacer política. Documento de trabajo. Programa FLACSO-Santiago
de Chile. Número 144, 1982. 3 Norbert Lechner: "El debate sobre
el Mercado y el Estado" . Documento Internet 4 José Cademartori:.
"Alternativas a la crisis neoliberal". www.attac.cl 5 Leopoldo Muñoz:
"La invasión neoliberal en Chile". www.attac.cl 6 Sofía
Correa, Consuelo Figueroa, Alfredo Jocelyn-Holt, Claudio Rolle y Manuel Vicuña:
"Historia del siglo XX chileno". 2001. 7 Norbert Lechner: "Las
ciudadanías Plurales". Fonadis y fundación Ideas. 8 y 9
Norbert Lechner : "Modernización y democratización": Un
dilema del desarrollo Chileno. Documento. 10 Tomas Moulian: "Chile Actual:
Anatomía de un Mito". Editorial LOM-ARCIS. Santiago de Chile. 1998. 11,
12 y 14 Desarrollo Humano en Chile. Nosotros los chilenos: un desafío cultural.
Capítulo I: Los cambios culturales. PNUD-2002. 13 García Canclini:
: "Consumidores o ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización".
Editorial Grijalbo. México. 1995. 15 Martín Hopenhayn: "Ni
apocalípticos ni integrados". Fondo de Cultura Económica de
Chile. 1995.
16 Berger y Luckman. La reificación es la aprehensión
de fenómenos humanos como si fueran cosas. Implica que el hombre es capaz
de olvidar que él mismo a creado el mundo humano, y además que la
dialéctica entre el hombre, productor, y sus productos pasa inadvertida
para la conciencia. : "La construcción social de la realidad".
Talleres gráficos DIDOT, Buenos Aires, Argentina. 1993. |