Entrevista de
Michèle Narváez,
profesora de letras. Ella trabajó muchos años en el marco de de la cooperación francesa en América Latina y a escrito varias obras de estudios literarios como,
Estudio sobre Baudelaire, Pequeños poemas en prosa (2000).
Agregada cultural de Francia en Chile en los años
80.
entrevista publicada el 11/04/2005

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Encuentro con
WALDO ROJAS
Entrevista publicada originalmente en la revista "Espaces
latinos"
Sociétés et Cultures de l'Amérique Latine
4, rue Diderot 69001 Lyon, France Tél & fax 33 (0) 4 78 29
82 00
E-mail latinos@wanadoo.fr
1) Waldo Rojas, usted es chileno residente de largo tiempo en Francia,
y docente en la Université de Paris I (Panteón-Sorbonne);¿podría
resumirnos su trayectoria en Francia?
Desde hace algo más de un par de meses yo habré vivido
más tiempo en Francia que en Chile. Entre ambas mitades de un trayecto
de vida la simetría es sólo relativa. En Chile hice todos
mis estudios, escribí mis primeros poemas, publiqué mis
primeros libros e inicié una existencia cívica y conyugal
además de proseguir una carrera universitaria. Un trayecto hecho,
si se quiere, más de continuidades que de sobresaltos. Mi viaje
a Francia, adonde aterricé a comienzos de mayo de 1974, fue obra
de gestiones amistosas y urgentes de parte de un cierto número
de personas cercanas o, entonces, menos cercanas, ciertas personalidades
académicas, o diplomáticas, más algunos compatriotas
que me habían precedido en abandonar el país, en particular
mi amigo Raúl Ruiz. Ya por esas fechas la naturaleza del régimen
militar chileno se había revelado en toda su crudeza y brutalidad,
sólo que como todos o casi todos los chilenos de adentro o de afuera,
yo ignoraba el tiempo que duraría su instalación en el poder
y, con la vuelta a un eventual atisbo de normalidad política, la
fecha del retorno. Mis primeros meses en Francia se parecen seguramente
a los de todo exiliado, chileno o no, y se resumen en los dilemas de una
misma incertidumbre. Con mejor fortuna que muchos otros, esta etapa fue
para mí más bien breve. La intervención solidaria
de colegas historiadores hizo posible mi ingreso a la planta docente de
la Universidad de Paris I, y a ellos debo el sostén profesional
y el aliento moral permanentes durante los largos años de precariedad
que precedieron mi nombramiento en un puesto definitivo.
2) En Chile, "país de poetas", según reza un
lugar común, usted forma parte de la llamada "generación
del 60", época aquella de gran efervescencia. ¿Cómo
caracterizaría usted hoy día esa generación ? ¿De
cuáles de sus poetas se estima usted más próximo?
La así llamada "generación de los 60" ha sido
objeto de un cierto número de estudios en lo que ella representó,
sobre todo en el contexto cultural previo al quiebre histórico
del golpe de estado de 1973. A partir de puntos de vista diferentes y
junto con señalar la marcada diversidad de las opciones estéticas
de sus miembros, se ha incidido, en general, en señalar algunos
rasgos definitorios más patentes, acompañados de una forma
en mucho inédita de sociabilidad literaria. Consistió ésta,
en lo esencial, en una vocación "culturalista", acompañada
de una actitud positiva y reflexiva ante la llamada tradición poética
chilena. En esta actitud ajena a beligerancias hacia los "grandes
antepasados" tanto como privada de veneraciones excluyentes y de
proselitismos de escuela, fue una generación atenta, en su natural
voluntad juvenil de novedad, en prolongar dicha tradición por el
extremo, en un diálogo con ella, por así decir. Mucho del
beneficio de aquel diálogo con los "abuelos inmediatos",
como diría Nicanor Parra, se refiere a lo que ellos representaban
ya como apertura cultural cosmopolita. Visto desde la perspectiva concreta
de la escritura misma, se ha subrayado su búsqueda reflexiva de
nuevos modos sin alardes de ruptura vanguardista, y de modo diverso, a
través de una escritura más próxima del logos que
del pathos, una propensión meta-poética, o sea, el recurso
de incorporar en el poema la "reflexión" crítica
sobre el estatuto de la poesía y su lenguaje en el orden de lo
real, natural y social, sobre la práctica y valor de la escritura
poética en medio de la "prosa del mundo".
La nómina de sus componentes es ya tradicional desde Oscar Hahn
y Floridor Pérez, entre los mayores, hasta Manuel Silva Acevedo,
Jaime Quezada, Omar Lara y Gonzalo Millán; aunque a ambos extremos
de sus deslindes cronológicos fronterizos algo fluctuantes, yo
incluiría a Juan-Luis Martínez, a Miguel Vicuña Navarro
y José Angel Cuevas. (La misma lista, en este u otro orden, contiene
parte de mis "afinidades electivas"). Todos, hoy día
quincuagenarios, ya sea en la circunstancia del exilio o en la de permanencia
en el país, prosiguieron, y prosiguen sus trabajos poéticos,
y son sin duda una referencia innegable en la historia de nuestras letras.
3) "Contemplo el estupor de lo que veo", escribe usted en un
poema fechado en septiembre - octubre 1973, en San Juan de Pirque, localidad
cercana a Santiago. El golpe de estado del 11 de septiembre trastornó
todos los ámbitos de la vida y prácticas corrientes en Chile;
¿cómo vivió usted ese período?
Quien así se expresa es, bien entendido, el sujeto poético,
o sea, en jerga técnica, el sujeto de los enunciados y no necesariamente
el sujeto biológico de la enunciación, comprendido como
la encarnación de esa falsa idea clara que es el "autor".
En la ocurrencia, se trata de una Voz -la del "poeta", que como
se sabe es un compromiso virtual entre ambos sujetos- ; una forma de conciencia
verbal construida a partir de materiales diversos, subjetivos, literarios,
culturales, etc., y entre ellos, los datos de una circunstancia sublunar
y colectiva. Por eso el poema -tal vez el primero que escribí,
y de un solo trazo, después del golpe de estado- lleva una mención
de lugar y de fecha.
Inútil insistir en la manera como las circunstancias del episodio
golpista implicaron el descalabro definitivo de muchos destinos personales
y colectivos. La interrupción en el desarrollo ascendente de una
generación, es frente a ello una consecuencia harto menor. Pero
de hecho, hubo sin duda más de algún proyecto poético
en gestación que debió pasar a pérdida sin remedio.
Cabe decir al respecto que, paradójicamente, la poesía genuina
suele crear destellos de imágenes que, bajo ciertas perspectivas,
resultan premonitorios, pero al mismo tiempo toma retraso en asimilar
creativamente las viscisitudes de la contingencia inmediata. En mi caso
personal, que vale lo que vale, la presión agobiadora de dicha
contingencia me redujo largo tiempo al silencio de la escritura. Un silencio
prolongado por años, y que mucho más que una claudicación
fue un acto de resistencia interior. Ese mismo poema, de 1973, en sus
últimos versos ("
que las palabras me van pesando / con
la fuerza obtusa de un cerrojo / herrumbrado"), tal vez anuncia premonitoriamente
los años de silencio que transcurrieron hasta la publicación
de un nuevo libro, sólo 1981, en España.
4) Su poemario Deber de urbanidad (Santiago de Chile, 2001) se abre en
exergo con tres epígrafes: una referencia legendaria, a Isis, diosa
de la navegación, y luego dos otras a escritores franceses mutuamente
alejados en el tiempo histórico; el último de éstos
habla de un París en ruinas contemplado por un "barbare déçu".
¿Navegación y decepción, son para usted visiones
y significados del exilio?
Si detrás de mis poemas hay un proyecto poético, este se
resume en la afirmación de la relativa autonomía de la literatura
respecto de la vida, digamos, tradicionalmente real. Dicho en general,
antes que referirse a nada, la literatura -y, claro está, la poesía-
habla primero de literatura. Si la poesía consiste en algo específico,
eso es en dar realidad por el lenguaje a lo que no existía antes
de ser así agregado a la experiencia verbal de lo real. Los datos
" objetivos " de la realidad que concurren al cúmulo
complejo de la experiencia humana, se refractan, inevitablemente, en la
producción del discurso poético, pero no son necesariamente
su fundamento imaginario. El exilio (y sin entrar en lo que este vocablo
significa en sí mismo, ni ha significado para mí mismo)
forma parte de aquellas experiencias. El alejamiento forzoso de Chile
desplazó inevitablemente el eje de mi relación con el mundo
y probablemente ha reformulado no pocas de mis frágiles certezas
sobre algunas realidades; pero creo que al mismo tiempo ha reforzado lo
que había de más estable y entrañable en ese mismo
proyecto.
Mi último poemario, Deber de Urbanidad, si he de dar un ejemplo
entre otros, ilustra bien a mi juicio este principio: lo que allí
ocurre poéticamente no ocurre forzosamente bajo el cielo de París,
como dice la canción, o no sólo ahí, sino y fundamentalmente
en la capacidad del lenguaje de generar un tipo de acercamiento emocional
al fenómeno inagotable de la Ciudad como arquetipo de un modo humano
de existir o de
dejar de existir, un paradigma al mismo tiempo intemporal
e históricamente situado. Ese breve libro alude, es cierto, a París,
pero del modo como mi poesía podría aludir a algo delimitado
y concreto, un poco a la manera como mi Deriva Florentina alude correlativamente
a la ciudad del Arno. Sólo que la ciudad del Sena posee una virtud
o un aura inefables: ya lo dijo Valéry: cuando me dispongo a pensar
París, advierto que es París quien me piensa. Es, pues,
un París subjetivo, reflejo de mi historia personal, pero al mismo
tiempo encarnación objetiva de la entidad urbana en todo su posible.
No denotan tal vez otra cosa aquellos tres epígrafes de autores
diferentes, que, reunidos, podrían configurar una suerte de poema
inter-textual llevado al extremo. Su sentido sería algo como esto:
Paris, ciudad fluvial, se reconoce en la imagen de una nave que trepida
sin zozobra, y ante el espectáculo de su realidad untuosa y carnal
se desmorona a diario el mito que le da nueva vida, y renace de sus ruinas.
5) El tema o tópico de la Ciudad cruza prácticamente toda
su obra, de Roma a Rotterdam, pasando, claro está, por París.
: Un poema dice: "las ciudades son el fruto de un deambular cautivo.
El tiempo las sueña redimibles por obra de sus ruinas
",
y en un poema anterior: "Las ciudades son la forma finita de la impavidez
de las cosas ante el festín de los amantes, o su duelo". En
sus ciudades aparecen con frecuencia imágenes y evocaciones de
ruinas, así como otras tantas de cementerios, paisajes o espacios
sombríos, menciones que trasuntan obviamente sentimiento de pesar
o tristeza, al mismo tiempo que la ciudad aparecer bajo un sentimiento
de profunda ternura. ¿Por qué?
En contraste con cierta visión romántica, pienso que la
Ciudad es la forma más cumplida, y tangible de manifestarse el
hecho de la humana existencia, el verdadero "nicho ecológico"
de la especie. Las ciudades no están hechas sólo de materiales
de construcción y de algunos árboles y bancos públicos.
Están constituidas sobre todo de significaciones, entretejidas
de sentidos y de contrasentidos, cruzadas de rumbos, encrucijadas y de
impasses. Yo diría que, hechas de palabras y otros signos, las
ciudades se presentan como página que se lee. Hablan ellas de furores
y silencios, de destinos que se anudan, de memorias que se desatan, de
encuentros y desencuentros, de esperas cumplidas o incumplidas. Las ciudades
que mis poemas evocan son posiblemente una gran metáfora, por ejemplo,
aquella de la materialización del tiempo en imágenes de
permanencia y de mudanza. Más claro que otras grandes metáforas,
París en un momento dado, con sus viejas piedras, sus puentes y
orillas fluviales, sus recodos y techumbres, me habló en imágenes
del sentimiento de finitud y de aquella forma de infinito que se incuba
en lo efímero.
6) Las referencias a la poesía y la cultura francesa son numerosas
y significativas en muchos de sus poemas (Mallarmé, Char, Proust,
por ejemplo), y más generalmente a la cultura occidental desde
la Grecia antigua a nuestros días. ¿Qué sentido particular
tiene para usted, escritor chileno, esta orientación, en tanto
que otros escritores y artistas latinoamericanos se inclinan más
bien hacia el rechazo de dicha referencia, afírmándose más
bien en sus raíces nativas y vernaculares?
Sucede que, chileno, yo escribo en castellano y a partir de una herencia
cultural de todos modos "occidental". Aquel rechazo de una tal
"referencia" por parte de algunos -suponiendo que se trate de
un propósito claro- no puede ser sino muy relativo y, con buenos
o menos buenos resultados literarios, sólo una gesticulación.
La escritura alfabética es, por ejemplo, una de aquellas referencias
mayores del aporte occidental, como lo es la música tonal (todo
el folklore latino-americano, que yo sepa, se expresa a través
de aquella estructura de invención europea); y se puede decir que
incluso aquellas formas de rechazo en aras de "raíces"
primigenias, son también rasgo propio de la mentalidad cultural
de Occidente
Dicho sea de paso, no hay que olvidar que ya la expresión
"América Latina", invención francesa, fue forjada
por un agente del emperador Napoleón III, en el contexto de una
operación ideológica "latinista" destinada a combatir
la influencia anglo-sajona.
Chile representa, es verdad, un caso particular del extremo occidente,
y como otros países latinoamericanos sus lazos con los referentes
occidentales se encarnan no sólo en la lengua, lo que ya no es
poca cosa, sino que son manifiestos en las estructuras institucionales
cívicas y militares, en el pensamiento y las prácticas políticas,
jurídicas, religiosas y científicas, no menos que en las
costumbres de mesa, malas o buenas, y hasta en los hábitos de alcoba
En lo que toca a la poesía, por hablar sólo de ella, la
revolución poética desencadenada por Rubén Darío
consistió hace un siglo en reivindicar el derecho de los artistas
hispanoamericanos a abordar todos los temas, incluyendo aquellos de los
que una cierta tradición había hecho una prerrogativa europea.
Otra cosa es el hecho también innegable, y diversamente válido
para toda la así llamada América latina, de una cultura
mestiza, rica y diversa, fruto brillante y agridulce de la conquista y
la colonia. Fenómeno novedoso, sobre todo, en el marco de los procesos
coloniales de la época, pues se trata de una creación tan
irreducible a sus elementos aborígenes como a aquellos europeos,
de la cual no es precisamente su expresión menor la producción
artística plurisecular del continente. Sus formas concretas, como
es fácil advertir históricamente, han evolucionado en un
vaivén constante orientándose hacia uno u otro de esos dos
polos. Fluctuaciones aquellas que en el favor de los creadores han seguido
a menudo el trazado de la contingencia política (y a menudo "correctamente
política").
Por otro lado, es verdad que en el caso chileno, dígase lo que
se diga, el mestizaje ha sido sobre todo patente en su dimensión
biológica más que en sus virtualidades culturales. Nuestras
culturas prehispánicas no llegaron a elevarse a un grado de civilización
poderosa comparable con aquella de los grandes imperios americanos, y
sus huellas fueron así menos indelebles que en aquellos otros casos.
Reconocer este hecho histórico cultural no implica, por supuesto,
desmedrar la entidad y valores actuales de sus descendientes más
próximos, ni desoír lo que puedan ser sus reivindicaciones
políticas u otras del momento. O negar o minimizar los desmanes
y el agravio de la dominación.
Por otro lado, en la formación de su conciencia nacional y su posterior
afirmación en el marco de la nación independiente, las clases
dominantes chilenas no sintieron la necesidad de apelar a aquellas raíces
nativas. Si nos remitimos a la historia -la de los historiadores serios
y no a ciertos subproductos suyos ilusorios presentes en la memoria colectiva
simple-, no es sorprendente que dicho proceso haya revestido tales características.
Las luchas de la Independencia del siglo XIX no constituyeron en ningún
caso la prolongación de la Guerra de Arauco del período
colonial, sino un conflicto que opuso a españoles de España
contra criollos, o sea, españoles de Chile. Fue en este sentido
una vasta guerra civil de catorce años que, en lo que toca a sus
finalidades políticas, se resolvió sin protagonismo indígena.
En el proceso ideológico que culminó por coronar la entidad
nacional propiamente chilena, aquella elite patricia local remplazó
de buena gana al indígena de carne y hueso por el "araucano"
de papel y tinta forjado por el célebre poema de Ercilla, alejando
profilácticamente de la entidad criolla chilena toda una realidad
humana concreta, en provecho del acercamiento inocuo a una leyenda épica.
Más tarde, en plena república independiente, el magnífico
monumento poético de La Araucana debía servir muy oportunamente,
de coartada y pantalla para la oscura empresa represiva militar conocida
en nuestros manuales bajo el eufemismo cínico de "pacificación
de la Araucanía". Entretanto, el margen reservado por el estado
chileno a la cultura mapuche se redujo a los caprichos de la toponimia
oficial y a las fantasías de la onomástica privada.
No ignoro que, a la luz de ciertos movimientos identitarios -valga el
neologismo bárbaro- venidos por lo esencial de la América
del Norte, fomentados por algunos movimientos indigenistas estadounidenses,
y alentados localmente por cierta etno-antropología de choque,
se ha puesto en funciones recientemente en Chile una especie de "laboratorio
ethnico" destinado entre otras cosas a la producción de una
poesía en lengua mapuche, lo que me parece nada desdeñable
como experiencia meta-cultural, pero eso ya es harina de otro costal...
7) Usted es poeta pero le ha preocupado igualmente desarrollar una reflexión
sobre la poesía. De este modo usted ha escrito que el poema no
es un instrumento de comunicación, sino una operación sobre
la "opacidad". ¿Podría precisarnos este concepto?
De lo que se trató en ese propósito de momento fue de dar
respuesta a aquella tenaz idea común según la cual el poema
es una suerte de doble verbal de ciertos aspectos o sucesos del llamado
mundo exterior. Aquello que hace que un poema sea lo que es, no se gesta
sino en y por las virtualidades menos rutinarias del lenguaje y no se
extrae ya listo de los filones de la realidad extra-verbal. La lengua
del poema sobrepasa el decir simple, es un 'exceso' respecto suyo, un
des-borde, o una pedagogía inesperada impuesta a los usos sociales
de la lengua. Pero al mismo tiempo -valga repetirlo- el hecho de 'detener'
las palabras en su materialidad o en sus ecos involuntarios las 'desvía'
de su punto de llegada previsto, digamos 'vectorialmente' por la finalidad
comunicativa estricta.
Dicho en breve, no se escriben poemas del mismo modo como se habla pragmáticamente,
por ejemplo para preguntar una dirección en la calle o hacer un
pedido al almacén. Ni por las mismas razones. El poema ejerce una
cierta presión deliberada sobre las palabras de todos los días,
y fijándolas en su materialidad las vuelve opacas y hasta palpables,
junto con distraerlas de su "función social" y utilitaria.
Su decir verbal no es ya el instrumento invisible de una intención,
sino un objeto agregado al espacio de la existencia, que el poeta erige
epifánicamente ante el lector, o el auditor, apelando a su sensibilidad,
sensorialidad, inteligencia, emotividad, o visión. Frente al escrito
propiamente poético, hay entonces "fracaso" en cuanto
la expectativa desmañada o desaprensiva de comunicación
"tradicional", la que se ve así incumplida y defraudada.
Un poema -me refiero naturalmente a la categoría de poemas logrados-
es inevitablemente tautológico en ese sentido, pues lo que él
dice no admite ser dicho de otro modo; de lo contrario perdería
su razón de ser. El poeta, en cuanto a él, por la naturaleza
misma de su arte, tiene por misión la de organizar -y, ¿por
qué no?, superar- estéticamente dicho "fracaso".
La poesía 'comunica', por cierto, pero lo hace a través
de imágenes, es decir, mediante unas condensaciones de sentido
que se sitúan más allá o más acá de
las virtualidades del lenguaje ordinario. A ese precio se vuelve éste
materia de un objeto de arte.
De lo anterior se deduce que la poesía no se hace con "ideas",
es decir, con construcciones intelectuales destinadas a pensar y a explicar
el mundo y sus alrededores. Una imagen poética, por el contrario,
es un producto verbal brotado de una exaltación súbita del
psiquismo, por lo tanto su resultado tiene menos que ver con una "claridad"
conceptual que con una emoción, esta misma muchas veces ajena a
los fueros de la lucidez razonante. Lo que no quita que a veces la poesía
venga en socorro, por ejemplo, de la astrofísica, como de hecho
ha ocurrido, o de la filosofía.
En mi caso personal he tratado de ilustrar un poco más de cerca
la idea del poema como lugar geométrico de aquellas inquietudes,
o sea, la concepción del texto como la escena imaginaria en la
cual éste se muestra sin ambages como lo que es, o sea, un artificio
de escritura, con su funcionamiento y sus deslindes, sus aperturas y sus
cerrazones, sus laberintos y llanuras de sentido.
8) También ha escrito usted que "el poema sabe más
que el poeta": ¿Quiere esto decir que el poema revela posibilidades
del lenguaje que escaparían a la voluntad del poeta? ¿Algo
que se tramaría fuera de los umbrales de la conciencia del poeta?
Aquella frase que, en su contexto, suscribo aún, no es por cierto
ni una 'boutade' ni refleja de mi parte ninguna deriva, digamos, esotérica,
como fuera de su contexto podría (mal)entenderse. Ella apunta al
modo como los mecanismos verbales del poema funcionan respecto del lenguaje
en tanto que hecho social. En sus formulaciones y recursos la poesía
remotiva los materiales verbales del uso corriente y disloca de ese modo
la sujeción de las palabras al territorio de sus significaciones
estatuidas. En sus imágenes un poema dirá siempre algo,
pero dará a entender otra cosa. Entre aquel decir algo y ese dar
a entender, se abre el espacio de la lectura, o mejor, aquel terreno plural
de todas sus lecturas posibles. Dicho de otro modo, es en virtud de ellas
que, al ingresar en el dominio de la interpretación, el poema cobra
realmente existencia. El trabajo de escritura del poeta, por el contrario,
no puede asegurar a éste mucho más que el beneficio de una
lectura: la suya propia; aunque el poeta aspire a darse a sí mismo
como su lector ideal.
9) " No hay peor poema que el que no se escribe ", se puede
leer en uno de primeros sus poemas entre los más difundidos ("Moscas,",
Principe de Naipes, 1966): encierra este enunciado un principio personal
que usted podría aún suscribir hoy día?
Quien toma la palabra de ese modo, más que el hablante, es una
voz a la cual este último acabará por identificarse justamente
en el transcurso del poema mismo, al cabo de su propio cumplimiento y
por obra suya. Más que una 'profesión de fe' se trata de
un juego especular, de un reflejo en abismo. Lo que el poema ilustra,
en este como en otros casos, es una suerte de premisa que consiste en
incluir en un texto imágenes que traduzcan alguna reflexión
sobre su propia condición de posibilidad en tanto que tal texto.
10) ¿De qué modo se ha planteado para usted el problema
de la traducción y de la publicación de sus obras en francés?
¿Y la publicación de éstas en Chile?
La verdad es que aquel primer problema no ha llegado a plantearse realmente,
y con razón, pues mis poemas no han conocido sino pocas publicaciones
francesas. En parte porque soy un muy mal administrador de mi propia poesía.
En parte también debido a las dificultades pasablemente insalvables
que representa su traducción al francés. Hay finalmente
la renuencia de más de algún editor a financiar una edición
bilingüe. De otro modo, mis libros han sido publicados regularmente
en Chile, yo diría que sin gran contratiempo.
11) ¿Al cabo de sus años de docencia en Francia, qué
piensa usted de la universidad francesa? ¿Su experiencia precedente
en Chile y su percepción actual de este tema en el Chile actual?
Vaste programme !!, como diría el general De Gaulle. La verdad
es que he tenido ocasión de seguir de cerca el debate de prensa
reciente sobre este problema. No sería muy original de mi parte
reconocer su extraordinaria complejidad en sus facetas técnico-administrativas,
político-económicas, sociológicas y por supuesto
intelectuales, científicas y filosóficas. En el marco de
una crisis mundial no es sólo el saber sino la civilización
universitaria occidental que manifiesta signos de crisis. La situación,
nada nueva, por lo demás, se remonta a los albores del siglo XX
(pienso, por ejemplo, en un célebre ensayo de Ortega y Gasset de
los años 20, y entre muchos otros trabajos, aquellos de Alain,
de aquella misma época). Pero en mi experiencia de universitario,
pienso que la situación francesa hasta aquí resiste bien
los embates y amenazas de la contingencia actual. El mérito recae,
me parece, sobre la conciencia patrimonial, a ese respecto, de parte importante
de la población francesa, incluyendo ahí sectores exteriores
a la misma universidad. A diferencia, por ejemplo, de Chile, cuya universidad
ha sido primero víctima inerme de una dictadura liberticida y culturalmente
atávica, y más tarde condenada sacrificialmente al destino
que reservan a la cultura y la sociedad chilena los designios del neoliberalismo
a ultranza. La verdad es que no llego a comprender la sorprendente actitud
pasiva o pasablemente indiferente (¿hay otro calificativo?) de
los actuales responsables políticos. El país real se desliza
hoy día de modo que me temo irreversible hacia un estado de des-culturización
generalizada, del que son víctimas los sectores menos favorecidos
socialmente.
12) ¿Qué puede decir de su amistad con el cineasta Raúl
Ruiz?
Pronto celebraremos, Raúl y yo, 40 años de amistad fraternal
sin discontinuidades. Somos vecinos de barrio en París, un poco
como ya lo éramos en Santiago, fui testigo civil de su matrimonio,
eventual colaborador en algunos de sus filmes (de actor a
cocinero
del equipo), he tenido la ocasión de redactar algunas páginas
sobre su obra cinematográfica y de traducir un célebre ensayo
suyo (Poética del cine, Editorial Sudamericana, 2000) y hasta de
representarlo en la recepción de más de alguna ceremonia
de entrega de laureles. Tenemos algunos gustos y puntos comunes en materias
gastronómicas, estéticas y políticas, en ese orden,
pero la verdad es que estamos lejos de coincidir necesariamente en muchas
otras, lo que seguramente dinamiza nuestra relación espiritual
y, paradójicamente, ha reforzado nuestros lazos y cercanías.
"Rencontre avec le poète chilien Waldo Rojas", entrevista
con Michèle Nárvaez, publicada en Espaces Latinos. Sociétés
et cultures de l'Amérique latine, n° 216, octubre 2004, Lyon
(Francia), pp. 21-24. |