Carolina Andrea Navarrete González

___________
|
Escenario
de guerra de Andrea Jeftanovic: Entre el flujo femenino y el desarraigo

Pronunciar lo silenciado, hacer ver el lado "oscuro" de la
anatomía y fisiología femenina para mostrar la crisis centrada
en sujetos individuales, en los desolados parajes del Yo es lo que en
185 páginas nos revela Andrea Jeftanovic con su primera novela:
Escenario de guerra.
El propósito de las siguientes líneas tiene relación
con la lectura de la novela a la luz de una literatura femenina capaz
de combinar la sangre y la violencia en un escenario cuya noción
de crisis es padecida por seres huérfanos, cuyas raíces
al aire- en búsqueda del sentido de la existencia- claman por la
constitución de un viaje afectivo hacia un tiempo originario.
Hablar de una "literatura femenina chilena" resulta arriesgado
puesto que son variadas las polémicas que suscita esta temática
por esta razón nos hemos decidido por tomar ciertas características
comunes de la "literatura femenina en Chile" tales como el aborto,
la lactancia, el parto y la menstruación. Dentro de estas imágenes
ciertamente femeninas esta última concitará nuestra atención
ya que además de resultar un rasgo apreciable en la novela de Jeftanovic
constituye un aspecto que ayuda a estructurar un mundo fracturado y desarraigado.
Es importante destacar los dos momentos que parecen ser claves en esta
temática, el primero lo encontramos en el capítulo 7 llamado
"Papá y mi sangre" en el cual la protagonista concibe
su flujo menstrual como una amenaza destructiva que provoca culpabilidad
y vergüenza: "Siento pánico de este flujo que amenaza
con destruirme. Estoy al acecho de cualquier señal[
] No sé
por qué tengo tanta pena[
] la culpa me fluye entre las piernas."
(38) Como podemos apreciar la llegada de la primera menstruación
conlleva la connotación de "cambio", "renovación",
el problema es que en el mundo de la protagonista esta experiencia la
despoja de su relación afectiva con su padre sintiendo que este
hecho ofende y provoca a su progenitor puesto que se vincula con el recuerdo
de un crimen pasado donde su sangre se mezcla con la de asesinos y mártires:
"Escondo las vendas que curan esta herida infinita[
]Intento
detener eso que corre por mi piel para seguir existiendo. Y para que papá
me vuelva a querer, para que no esté más molesto conmigo."(39)
De esta manera la sangre provoca la negación de la condición
natural femenina junto con dar pie a la represión en la figura
paterna de cualquier indicio que lo conduzca al enfrentamiento con su
propio pasado, el cual esta encubierto por un manto de violencia y sangre:
Y su puño choca, rebota contra la cubierta de la mesa del comedor.
- No quiero sangre en esta casa- dice. Cierro las piernas, hundo el vientre,
respiro hondo. [
]Yo sé que cuando sangro papá piensa,
sospecha, está seguro que tengo algo que ver con el oficial del
brazo alzado. (39-40)
Esta combinación de violencia sangrienta, constituye un factor
que marca la vida de Tamara, la protagonista, situándola en una
posición de desarraigo ya que se comienza a sentir excluida del
amor filial además de convertirse en un factor desencadenante en
la aparición de la terrible visión de la guerra en la patria
de nacimiento de su padre.
El segundo momento vinculado con el flujo menstrual tiene como puente
la adopción obligada de Tamara, quien en su carácter de
orfandad sale en búsqueda de su tío, hermano gemelo de su
fallecido padre. Cuando la protagonista le pide que le cuente la historia
sobre la muerte de su abuelo, acontecimiento ocultado por su padre, vuelve
a sangrar y a sentir mismo temor que la invadió en su primera menstruación:
He comenzado a sangrar. Tac. Contraigo los muslos pero esa lava tibia
fluye sin cesar. Tic. Nuevamente mi cuerpo no obedece y cumple el dictamen
de su erosión. Tac. No quiero ser portadora de una sangre que tiene
que ver con la muerte de mi abuelo. Tic. Siento tanto temor a que mi tío
lo note. Tac. Que de pronto él también golpee la mesa y
prohíba la sangre en su casa. (171)
De este modo, se confunden los dos flujos que le dan sentido a esta
historia: El tic, tac del reloj y la sangre que brota del cuerpo de Tamara.
Uno funcionando como clave de un destino trágico que marco la generación
de su padre y el otro como herida manifiesta de una historia erosionada.
En este punto, se le revela a la protagonista el
misterio de su desarraigo al darse cuenta que su padre ha huido desde
los nueve años del episodio del robo y de la muerte tapando su
pasado con los mismos diarios que taparon a su abuelo muerto: "En
una oportunidad mi padre tomó un reloj de cadera que al limpiar
le resultó familiar. Era un aparato de números romanos,
esfera gris y con una larga cadena de plata. Era el reloj de su padre.
[...] papá salió corriendo y no habló por días."(171)
Y deberíamos agregar que por años ya nunca fue capaz de
contarle el secreto a su hija, obligándola a salir en la búsqueda
de su origen para explicarse una existencia enmarcada en la crisis y en
el extravío. Podríamos señalar que Tamara sería
una hija huérfana ya que debe salir a buscar su pasado, para poder
inventarse un presente convirtiéndose así en una narradora-protagonista
que articula la memoria del origen. En definitiva, estamos ante el testimonio
atormentado y circular de una protagonista que paulatinamente se va convirtiendo
en una llave que abre un pasado de muerte y guerra, convocándonos
así, a presenciar la apertura de las heridas de una historia familiar
y personal.
Notas
Al respecto las mismas autoras chilenas han tratado de dilucidar lo que
se entiende por el término "femenino" y por la supuesta
"chilenidad". Por ejemplo Diamela Eltit sostiene que la escritura
es un instrumento social, por lo tanto no sería sexuada: "Lo
que torna masculina o femenina una escritura es su relación con
el poder, creo que hay una diferencia entre el lenguaje femenino y masculino,
pero en la utilización de los códigos, en el juego entre
el dominante y lo periférico" ("Cuestionario sobre literatura
femenina", sin publicar, 1990) Otro aspecto interesante lo entrega
Mercedes Valdivieso, quien sostiene que la escritura no pasa por el sexo
sino por la representación que el sexo tiene en la sociedad: "Pienso
que la representación de una voz femenina en la literatura, sería
la de deconstruir la imagen de la mujer que nos legó una narrativa
masculina"(Cuestionario
,1992). Cabe destacar las reflexiones
sobre el aspecto de la chilenidad en la literatura, al respecto, Lina
Vera Lumperein en su libro Presencia femenina en la literatura, señala
dos factores importantes: La falta de una tradición histórica
y la escisión de la llamada literatura "post-golpe" en
dos bloques: la del exilio y la de "las que quedaron".
Bibliografía
Cánovas, Rodrigo, "Nuevas voces de la novela chilena."Literatura
Chilena Hoy, la difícil transición. Madrid: Iberoamericana,
2002.
Jeftanovic, Andrea, Escenario de guerra. Chile: Alfaguara, 2000.
Kohut, Karl; José Morales Saravia (eds.) Literatura Chilena Hoy,
la difícil transición. Madrid: Iberoamericana, 2002.
Pfieffer, Erna, "Reflexiones sobre la literatura femenina chilena".
Literatura Chilena Hoy, la difícil transición. Madrid: Iberoamericana,
2002 |