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Raquel Pardo

art. publicado 09/09/2007

LAS CULTURAS FUEGUINAS: KAWÉSKAR, YAGÁN Y  SELK-NAM
EN RELACIÓN CON EL MEDIO AMBIENTE

continuación

En las chozas de estos tres pueblos, el humo salía por una abertura en la parte superior. Era necesario que la lluvia torrencial que entraría por ese agujero no apagara el fuego, por esto se tapaba, parcialmente, esta salida con un haz de hierbas o ramajes.

La Choza Selk-nam: El cronista John Hawkesworth de la expedición de James Cook en 1769 dice: “cubríalas a barlovento una capa de ramaje y presentaba a sotavento una abertura como de un octavo de círculo” (S. Villalobos p. 61). Según las distintas características ecológicas que hay en la isla Grande de Tierra del Fuego, encontramos dos tipos de chozas.

Al norte de la isla, el problema principal es el viento, no es fácil obtener palos largos por la ausencia de bosques, así es que construían sencillísimos paravientos, unos de 10 puntales, se disponen en un círculo de dos tercios de base, se clavan éstos en el suelo con una ligera inclinación y se cubrían con un trozo de piel de más de 4 metros de largo y casi tres de ancho, las puntas se amarraban con tiras de piel, tenía que ser muy estable y firme, para que el viento no la arrastrara. (M. Gusinde p. 173). Allí pasaban la noche abrigados por una fogata. Al irse, la mujer enrollaba la piel y los palos y arrastraba este fardo, hasta la próxima parada.

Al sur de la isla, existe el bosque y la lluvia, la nieve y el granizo, no es necesario guardar los palos como en el norte. Las chozas eran cónicas, utilizaban gruesos palos para construirlas, las cubrían con piel y a su alrededor se ponían montones de césped o de tierra hasta una cierta altura, para impedir la entrada del aire frío y húmedo.

Su base era un círculo perfecto, la altura al centro era de 2 metros máximo y el diámetro de la base, oscilaba entre 2 y 4 metros, según el número de hijos o de visitantes. Las chozas de estos pueblos tenían una excelente ventaja, su tamaño se adaptaba a las necesidades del momento, si llegaban visitas se agrandaba, se casaba un hijo y se iba, se achicaba.

En el interior la familia se tendía desnuda alrededor del fuego. Esto era típico de estos tres pueblos, gracias a la agradable temperatura que proporciona el fuego que prendían en su interior y lo bien aisladas que estaban.

No poseían ningún mobiliario, sólo algunos objetos domésticos, como por ejemplo el balde de corteza de roble o de ciruelillo que servía como recipiente de agua potable para los kawéshkar, el cual llevaban de la canoa a la choza y viceversa. También una especie de bolsa de piel de foca, donde guardaban trozos de grasa del mismo animal, algunos canastos de juncos trenzados para guardar adornos y útiles.

8. LA CANOA

Se ha considerado que este era el verdadero hogar de las tribus canoeras, porque en ellas transcurría la mayor parte de su existencia.

¿Cómo estaba construido este medio de transporte, de subsistencia y hogar?

Medía unos cinco metros de largo por uno de ancho. Lo suficientemente grande para que cupiera toda la familia, pero no mucho para que fuera fácil introducirse en los bajos y a veces angostos canales, además, debía ser liviana para su manejo. En el fondo, cubierto por una capa de tierra, se conservaba siempre algunas brazas, o bien, ardía el fuego, donde se cocinaban los alimentos.

La canoa que los fueguinos construyeron era el medio de movilizarse que mejor se adaptaba a esta especial configuración geográfica “en los confusos y entrelazados canales” por los cuales podía pasar esta pequeña embarcación y en cualquier parte encontraba refugio seguro, cuando amenazaba la tormenta, evitar ese peligro era parte importante en la vida del fueguino. (M. Gusinde p. 112).

Su construcción: La canoa se confeccionaba de corteza, especialmente de haya. Los kawéshkar la hacían de una sola pieza y los yámanas de tres planchas atadas. La única herramienta para su elaboración, eran punzones de hueso y cuchillos de conchas marinas, las costuras eran de lianas de voqui, se calafateaban con tierra arcillosa con raíces. Los remos eran tallados en troncos de ciprés, con cuchillos de concha. Para achicar, utilizaban vasijas pequeñas hechas de madera o de piel de lobo marino.

La canoa transportaba a toda la familia, es decir, de seis a ocho personas, todos iban en cuclillas en el suelo, se mantenían inmóviles en dicha postura, para no comprometer la estabilidad de la embarcación, sólo la mujer iba sentada a popa. Ella estaba encargada de la dirección, manejo e impulso de la canoa, por medio de un constante remar. Los niños se ocupan de la parte central de la canoa y el hombre va a proa, atento a la caza.

La mujer remaba horas de horas y apenas ocupaba sus piernas por lo que la parte superior de su cuerpo era mucho más vigorosa que la del hombre, pero ambos poseían un tronco ancho, brazos largos y piernas poco desarrolladas.

9. LA VESTIMENTA

Dado el riguroso clima de la zona, parecería necesaria una gruesa vestimenta, del tipo de la de los esquimales, sin embargo veremos que estos pueblos supieron sobrevivir durante más o menos 10 mil años ocupando, el “vestido” que mejor se adaptaba a esas condiciones:

“Los yámanas, sólo cubrían sus espaldas con una corta capa de piel... la mayor parte del tiempo andaban desnudos.” (O. Silva p. 21). En 1832, Darwin hizo referencia a la desnudez de los yámanas: "un fueguino desnudo, sus largos cabellos le cubrían casi por completo, su rostro estaba pintado con diversos colores... en las... islas Wollaston, una canoa ocupada por seis fueguinos... Los hombres llevaban... una piel de nutria o unos trozos pequeños de cuero, aproximadamente del tamaño de un pañuelo grande que apenas... alcanzaba a cubrirles las espaldas hasta las caderas... Llovía mucho, y el agua resbalaba sobre su cuerpo... una mujer llevando... un niño recién nacido... caían sobre ella los copos de nieve... así como sobre la piel del niño.” (Gusinde pp. 41- 42 citando a Darwin).

Para inmunizarse exteriormente del frío intenso, se frotaban el cuerpo con aceite, de esa forma también quedaban protegidos del agua, gracias a este procedimiento la ropa necesaria era mínima o nula.

Entre los kawéshkar la vestimenta era muy similar ”una capa corta de piel bruta de foca, nutria, de coipu, con que cubría sus espaldas.” (J. Emperaire p. 113). No utilizaban ni zapatos ni sombreros, sus capas, que a veces son de piel de ciervo, les “sirven de frazadas.” cuando duermen acurrucados en su choza. (J. Emperaire p. 255),

¿Cómo sobrevivieron con tan ligera su vestimenta?

Ello se debe principalmente a las continuas lluvias que caen sobre su territorio, esta capa se puede sacar con facilidad antes de que se moje y el cuerpo desnudo, en corto tiempo, se seca junto al fuego, al igual que la sencilla prenda.

Los selk-nam: Este pueblo debió defenderse del intenso frío, del viento y los sureños de la lluvia y la nieve. Utilizaban para esto una piel de guanaco que los cubría por entero, esta pieza caía suelta sobre ellos. Esta prenda se abre y quita fácilmente, así pueden exponer alguna parte del cuerpo sin dificultad o completamente desnudos al calor del fuego. Si los sorprende la lluvia, durante la cacería, doblan la capa y se sientan sobre ella, una vez que han encendido el fuego (Gusinde).

En el invierno cubren sus pies con cintas de piel, con la lana hacia afuera, lo cual les da mucha seguridad para caminar sobre la nieve. El sombrero que usan los hombres en sus correrías, un trozo triangular, atado verticalmente sobre la frente, de piel, cumple una función mágica, según ellos inmovilizará a los guanacos en su fuga, atrayéndolos.

La capa de piel se lleva siempre, con la lana fuera, esto se debe, a que de esta forma se ensucia menos y es más fácil de limpiar, raspándola por dentro, produce así una regular calefacción para todo el cuerpo, según ellos, imitaban al guanaco que así la lleva.

Confeccionaban estas capas y la que cubre las chozas, las cuales constaban de varias pieza cosidas con hilos de tendones, en el norte debían unir entre 40 y 60 pieles de cururo y en el sur con unos pocos guanacos bastaba. Ponían los cueros tirantes en una especie de bastidor para que se secaran, las limpiaban prolijamente de todo resto de grasa y luego los golpeaban con los puños, para darles flexibilidad.

Si el frío duraba mucho o era muy intenso, recurrían a un eficaz medio, mezclar arcilla carbonizada con grasa de guanaco. Extendían la mezcla como gruesa capa por todo el cuerpo, lo que constituía una verdadera protección contra el frío. Por este motivo se los ha llamado hombres de barro.

Las pinturas corporales que surgieron seguramente de la necesidad de protegerse del frío y del viento, con el tiempo se transformaron, en una forma de expresar ideas tales como funerales, bodas, cargo de hechicero etc. Las utilizaron las tres tribus y sus colores fueron negro de polvo de carbón con grasa fluida, el barro amarillo cocido les daba el color rojo y de la creta obtenían el blanco.

Los selk-nam dedicaban mucho tiempo a la actividad de acicalarse, se pintaban y se peinaban. Con huesos de mandíbulas de delfín o barbas de ballena elaboraban especies de peines de pocos dientes.

10. LA CAZA Y LA PESCA

Estas actividades cubrían gran parte de la existencia de estas tribus ya que permitían el abastecimiento de alimentos, al mismo tiempo que se intercalaban con momentos de esparcimiento y a través de ellas demostraban sus capacidades y habilidades.

¿A que se debe que los selk-nam que habitaban grandes extensiones donde actualmente se crían rebaños de ovejas no hayan sido un pueblo pastor?

Los tres pueblos aprovecharon todo lo que su medio les ofreció y el medio entregaba lo necesario, además, “ni el guanaco que vive en rebaños, ni el cururo se dejan domesticar, por ello es imposible la cría de ganado. (M. Gusinde p. 173). Simplemente cazaban las presas suficientes para el consumo, si alguien incurría en la falta de matar más de lo necesario, debía excusarse ante el dios supremo “Hidbbian” (J. Philippi p. 40). Esta norma permitía que siempre hubiera una cantidad constante de animales, nunca los exterminaban y así mantenían el equilibrio necesario, tanto para la vida del ser humano como de los animales.

Los selk-nam al igual que sus hermanos los tehuelches que cazaban el guanaco y capturaban el ñandú por medio de boleadoras, vivían en el sur de la caza del guanaco y en el norte de la del cururo.

El arma fundamental del selk-nam era el arco y las flechas que llevaban en un carcaj hecho de piel de foca, a la espalda. Cazaron también la foca, a golpe de garrote y aves, mediante lazos, poseían hondas, cuchillos hechos de esquirlas de ágata o jaspe.

La caza y el aprovechamiento del guanaco o del cururu, caracterizó la vida de los selk-nam y aseguró su existencia. Para cazar iban desnudos ya que debían estar libres para correr y moverse, sólo lleva el Kooél (sombrero), su arco y las flechas.

Los grupos canoeros kawéshkar: Cazaban la foca, con arpón y la perseguían en su huida hasta que se agotara, ahí le daban un garrotazo. También utilizaron también una especie de red, los para cazarlas. Otras armas fueron las hondas y los lazos para atrapar gansos.

Sus instrumentos de pesca y caza de piedra, madera y hueso, “... El perro fueguino...importante auxiliar del cazador...” (J. Philippi p. 22) parece ser que estos tres pueblos los utilizaron en sus cacerías. Probablemente los perros fueron un aporte del hombre blanco y no un animal autóctono.

Tenían arpones de hueso, de distintos tamaños, según lo que se deseara cazar. Canastos de juncos trenzados, usaban las mujeres para bajar a bucear y los llenaban con el fruto de la recolección submarina.

11. LA ALIMENTACIÓN

Fácil es deducir de lo anterior, cual fue su alimentación. Los Selk-nam septentrionales, vivieron del tucutuco y del cururo, que son animales estepáricos. Los del Sur, del guanaco, utilizan cada parte de estos animales, sin ellos, “no existiría posibilidad alguna de vida en la Isla Grande de la Tierra del Fuego”. (M. Gusinde p. 12).

No conocieron la sal, ni otro condimento, el agua era su única bebida. Para los niños no existía ningún tipo de leche animal. No poseían ollas, ni vasijas de greda para cocinar, acostumbraban a asar la carne cortada en trozos. La carne cruda se colgaba de la rama de un árbol o de algún palo, fuera de la cabaña a disposición de cualquier miembro de la familia. No tenían horas de comida, se comía cuando se deseara hacerlo y fuera posible, por esto el fuego estaba siempre encendido.

La alimentación de estos tres pueblos, debió ser lo suficientemente fácil de conseguir, como para vivir bien y además proporcionar una buena compensación al gasto de energías que implicaba conseguirlo y vivir en aquellos parajes.

Kawéshkar: su régimen alimenticio fue en gran medida es casi exclusivamente carnívoro. La base de éste, eran las ballenas varadas, las focas, los pájaros marinos, pescados y los mariscos que constituían el pan de cada día. Se inclinaron por los alimentos grasos.

Dado que la fauna marina era mucho más abundante que la terrestre, orientaron su vida hacia el mar. Las mujeres recolectaban algunos vegetales en las costas, cuando estaban en tierra, callampas, bayas, etc. Y su bebida es el agua.

Estos grupos podían consumir grandes cantidades de alimentos de una sola vez, pero eran también muy resistentes para soportar el hambre.

Yaganes, su alimentación era muy similar a la de los kawéshkar, vivían de la caza y la pesca, la recolección de frutos silvestres, hongos etc., eran parte muy secundaria en su dieta. Como todos los fueguinos, asaban la carne, consumían crustáceos, mariscos, sus presas iban desde los pájaros hasta los grandes cetáceos. Su alimentación preferida eran las carnes grasas lo que les permitía soportar las bajas temperaturas.

12. EL FUEGO

El fuego cumplía un rol fundamental, en estas frías y húmedas regiones, permitiendo la existencia del ser humano.

Selk-nam, Yámanas y kawéshkar lo obtenían por percusión de piedras de pirita y cuarcita, las chispas que saltan, las recibían en un manojo de plumas, musgos secos, corteza u otro material que arda con facilidad, por medio de soplidos conseguían la llama y seguían agregándole palos cada vez mayores, hasta obtener un buen fuego. Era una operación larga y difícil, los canoeros tenían mucho cuidado en que no se apagara, si esto llegaba ha suceder, pedían un tizón encendido si se topaban con alguna familia.

Los kawéshkar utilizaron también, un molinillo de fuego, “Para ello son necesarias unas maderas muy duras el ciprés en un listón muy seco hace una muesca transversal del grueso de un dedo otro palo terminado en punta lo introduce verticalmente en la muesca y empieza entonces a darle vueltas con las dos palmas apretando hacia abajo transcurren de 20 a 30 minutos hasta que se pueda conseguir llama.” (M. Gusinde p. 219).

Eligen prolijamente la madera para el fuego, para dentro de la choza, leña que de abundante brasa y poco humo, par esto ocupan la de tepu, durante la noche, para iluminar usan troncos de ciprés.

J. Emperaire, afirma que el fuego de la canoa, no es un medio de calefaccionarse, dado que son cuantas brasas sino. “En realidad, parece... un procedimiento de conservación (pp. 119 120), del fuego, tan difícil de obtener y tan necesario.

El fuego que se lleva en la canoa, va sobre una capa de musgos y tierra, para que no se queme la embarcación y para que no se apague con el agua que penetra en ella. Todo en un equilibrio perfecto.

13. LA DIVISIÓN DEL TRABAJO

Esta división es puramente sexual. No existen especialistas. Al hombre le correspondía la caza de animales y aves, la pesca y la construcción de la canoa. La mujer recolectaba vegetales en las islas, extraía huevos, mariscos y crustáceos, sumergiéndose en las aguas australes.

La canoa pertenecía a ella, debía guiarla y mantenerla. J. Philippi afirma que la mujer yaghán participaba también en la pesca.

Para la subsistencia era necesario el trabajo de ambos, se complementaban perfectamente.

La mujer debía además cumplir con su deber de madre, la recolección y acarreo de la leña. La construcción de la choza era tarea familiar.

Los niños, que iban al centro de la canoa, estaban encargados de que el fuego no se apagara.

Nadie estaba especialmente destinado a la preparación de los alimentos, el que tenía hambre cocía su alimento.

Sólo las mujeres sabían nadar, esto nos parece una contradicción en la educación de los grupos canoeros. ¿Por qué sucedía esto? Desde pequeñas, las madres acostumbraban a sus hijas a sumergirse en las gélidas aguas de los archipiélagos.

Cuando las canoas volcaban, esto sucedía frecuentemente, se ahogaban o corrían este peligro, los hombres, sus mujeres debían rescatarlos. Es curioso que los hombres, no hayan intentado aprender. Quizá haberlo hecho implicaba desconfiar de la capacidad de su mujer para salvarlo o para recolectar moluscos, en todo caso, es un enigma de este pueblo marítimo.

14. LA FAMILIA

La familia es la unidad, económica, social y política de estas tribus, la constituye el padre, la madre y los hijos.

Las familias son autosuficientes económicamente, no obedecen a ninguna autoridad por encima de ellas y no existe otra división social en esas sociedades, que la que da el sexo y la edad.

En tal medio ambiente, no se pudo progresar hacia, una organización social más compleja.

La boda, entre los nómades del mar, se realiza cuando los parientes de la novia logran juntar la suficiente cantidad de alimentos como para poder celebrar la fiesta de boda. Hecho esto, los novios están casados y parten en su propia canoa, al igual que los otros invitados.

El matrimonio, es absolutamente necesario, porque ninguna mujer lograría alimentarse a sí misma y a los hijos que pudiera tener, sin la ayuda de un cazador, tampoco podría cargar a su padre con una familia tan crecida, por su parte el hombre, no podría salir en canoa, ya que no le corresponde ni ha aprendido la tarea de remar ni de dirigirla, de esta forma le sería imposible obtener el principal medio de subsistencia, que es la caza marítima.

Los jóvenes eligen libremente a su pareja, siempre que no sean consanguíneos. Se consideraba una grave falta, las relaciones sexuales prematrimoniales, esto acarrearía los problemas que hemos descrito de una mujer sola con un hijo.

Entre los yámanas, se destaca la fidelidad conyugal,”era el hombre... cuidadoso en dar adecuada protección a su mujer frente a extraños. Si un marido era flojo o maltrataba a su mujer venía un cuñado para reprenderlo... podía retirar a la hermana... el culpable caía en descrédito y le resultaba muy difícil obtener otra compañera...” (J. Philippi pp.29-30) cosa que era muy grave para su vida y muy triste.

El descrédito social, era la gran sanción que sufría el infractor, esa era la justicia y el peor castigo, además de que no podrá recurrir a nadie.

Los tres pueblos, acostumbraban a ser monógamos, estos les procuraba todo lo necesario y no incurrían así en un gran gasto de alimentos. Pero entre los yámanas, éstos debían hacerse cargo de la cuñada que enviudaba, si no encontraba esposo y también incurrían en legítima bigamia, cuando la mujer era muy vieja y ya no era capaz de realizar los trabajos necesarios, en esos casos ella misma aconsejaba a su marido que lo hiciera.

Ambos cónyuges dependían por entero del otro, la mujer le aportaba además una variación en la alimentación.

La mujer del nómada del mar, daba a luz ordinariamente en las chozas, pues casi siempre sabía cuando les llegaba la hora, si se producía el parto en la canoa, ella se valía por si misma, estaba preparada para hacerlo, usaba un cuchillo de concha para cortar el cordón umbilical. La mujer acostumbraba a darse un baño de mar inmediatamente después del parto, no podían prescindir de él, seguramente esto les permitía, reincorporarse enseguida a sus labores y de esta forma evitaban las infecciones. Estos baños continuaban toda la semana.

Al día siguiente de nacido el niño, lo bañaba, lo secaba y lo llevaba pronto a la cabaña, depositándolo cerca del fuego, de esta forma el bebé se iba preparando a vivir en este frío. Al niño se lo dejaba desnudo sobre una piel, sin atarlo así experimentaba todos sus movimientos posibles. Era amamantado hasta los tres o cuatro años, esto suplía la necesidad de leche del niño, imposible de obtener de otra fuente, además de esta forma retardaban la concepción de otro niño, por lo menos durante un tiempo, la familia no podía tener demasiados niños, no era conveniente cargar con una familia numerosa. Así es como la población se mantenía una constante y no presiona sobre los recursos naturales. La mujer llevaba consigo al niño, a todos lados, se lo ponía a la espalda, lo que le permitía tener siempre las manos libres para hacer su trabajo, así también se evitaba confeccionar ropas de abrigo para su hijo, ya que este gozaba del calor de su madre. Sólo los Selk-nam utilizaban una especie de arnés que se clavaba en el suelo, en él dejaban al niño, cerca de ella, para realizar más cómodamente ciertos trabajos.

Pronto los niños empezaban a recibir la alimentación grasa del adulto, primero humedecían los labios, de éstos con grasa tibia de foca, más tarde les ofrecían trozos de tocino aceitoso y blando, junto con mariscos, ya que era necesario que lo antes posible fueran capaces de resistir las mojadas y el frío ambiental.

Solamente sacrificaban a una criatura marcadamente anormal, dado que sería una persona que no podría valerse por si misma y nadie podría cargar con ella. Los hijos constituían la principal alegría de estas familias y eran educados por sus padres en todo lo concerniente al medio que los rodeaba y a las normas de convivencia. La culminación de la educación, era la ceremonia de iniciación. En el caso de los Selk-nam debían participar en otra ceremonia más.

15. LA CEREMONIA DE INICIACIÓN

Esta ceremonia constituía la actividad colectiva más importante. Participaban los jóvenes de ambos sexos. Su objetivo, era adoctrinar a la juventud en todo lo necesario, para preservar las costumbres, preceptos, tradiciones y mitos. Así los preparaban para enfrentarse a los peligros milenarios y a saber desenvolverse ante cada situación de la vida, como lo habían hecho por siglos sus antepasados. Estaba comprobado que su cultura estaba bien adaptada a este medio y por esto enseñaban a los jóvenes para que conocieran todos los secretos a fondo.

Las ceremonias duraban varios meses y eran la culminación de la educación. En ellas aprendían las normas para la convivencia social. Recibían consejos de buena educación, tales como, escuchar los relatos de los ancianos, aunque parecieran aburridos, porque siempre de ellos algo nuevo se podría aprender.

El claro conocimiento de las costumbres guiaban, la conducta de cada cual, eliminando roces inútiles.

También adquirían el dominio de sí mismos, de su voluntad, de sus cuerpos, esto se lograba haciendo que permanecieran en cuclillas durante muchas horas comiendo poco, casi sin dormir y en silencio. De esta forma, en caso de tormenta, de hambre o peligro, que a veces debían enfrentar, ellos estaban preparados para soportarlos.

Complementaban su aprendizaje de la elaboración de objetos, femeninos o masculinos, por esto era requisito, para casarse, el haber participado en estas ceremonias. Sólo así el marido sabría hacer correctamente una canoa, cazar y pescar en la forma más práctica, respetar a los demás y dominarse a sí mismo.

La mujer lograba un conocimiento total, de todas sus tareas, ser una excelente compañera, necesaria para la conservación de ellos mismos y sus descendientes.

Era considerada una grave falta el mentir, causaría innumerables daños que alguien avisara sobre la presencia de alguna ballena varada o de un grupo de guanacos, movilizando a gran cantidad de gente y luego, resultar que no era cierto, esto no podría permitirse.

Con la ceremonia de iniciación de la pubertad, los miembros de cada cultura, alcanzaban su completa madurez fisiológica, pero, sobre todo, porque en dichas ceremonias se enseñaba al joven prácticamente la forma de buscarse el alimento y la manera de comportarse con sus compañeros de tribu (M. Gusinde p. 235).

Si se llegaba a suscitar un conflicto entre dos familias, los yámanas recurrían al consejo de un anciano, ello no significaba que esta persona estuviera investida de un cargo, su autoridad era meramente moral, un anciano, era una persona lo suficientemente sabía como para haber sobrevivido hasta esa edad, sorteando todos los peligros de la existencia y acumulando una gran experiencia. También se escuchaba a los ancianos, cuando había que tomar decisiones que incumbían a todo el grupo.

Como se ve, no había ningún tipo de autoridad política, religiosa ni judicial, sólo los selk-nam reconocían cierta autoridad en el “kemal” llamado a dar solución justa a las diferencias, era el hombre que cumplía, cuando era menester, la función de brujo, tenía influencia moral sobre su grupo, pero no sobre toda la tribu y el resto del tiempo, realizaba las mismas labores que los demás hombres.

16. LA PROPIEDAD COMUNAL Y PRIVADA

Existía entre ellos, bienes de común aprovechamiento y otros de propiedad privada.

Poseían un concepto muy claro, de soberanía sobre su territorio, en el todos los miembros de la tribu podían cazar o pescar. No existía propiedad alguna sobre la tierra, dentro de sus distritos los bienes susceptibles de recolectarse o de capturarse, no estaban asignados a ninguna familia o persona, de otra forma no hubiera sido posible la vida, ya que por mucho que una tierra delimitada les hubiera pertenecido, si el guanaco, en el caso Selk-nam, se fuera de ella, ya sería imposible comer.

En caso de una ballena varada, los yámanas lo hacían saber a todos los miembros de la tribu y compartían el preciado tesoro, una ballena proporcionaba tanto alimento, aceite y materia prima, para hacer armas, que era posible compartirla. Generalmente aprovechaban esa ocasión, para llevar a cabo las ceremonias de iniciación u otra festividad.

Los bienes materiales de propiedad común, eran las construcciones hechas para realizar las ceremonias, solamente mientras estas duraban, eran un bien comunal, después se abandonaban. Se observaba estrictamente el derecho de propiedad privada, por ejemplo los adornos de la mujer, las armas del marido, los juguetes de los niños, pertenecían a cada una de ellos.
Un caso bien representativo del respeto, a lo que pertenece a otro, es el siguiente. Era frecuente que la leña recogida se dejase amontonada secándose en algún lugar del bosque. Nadie podía apropiarse de ella, tenía dueño, como la presa en alguna trampa o lazo. No se tomaban esos objetos (hacerlo era un) acto inmoral (J. Philippi p. 41). Esto sucedía en cada uno de estos pueblos, de esta forma era posible proveerse de lo necesario, de otra forma no hubiera sido posible obtener leña seca, ni poner trampas y menos vivir pacíficamente.

Si un yámana moría, sus bienes se quemaban, no existía el derecho hereditario, así nadie podía acumular más riqueza y llegar a imponerse sobre todas las familias, obstaculizando el necesario ir y venir del nómade.

Practicaban el préstamo y el trueque, eran generosos, estas características de mutua cooperación, derivaba del conocimiento generalizado, de que en tal difíciles condiciones de sobrevivencia, es necesario ayudarse unos a otros.

17. LAS CREENCIAS RELIGIOSAS

Kawéshkar, yámanas y selk-nam, creían en un Ser Supremo, que había creado cuanto existe. Era un ser inmaterial, al cual ofrecían trozos de carne o fuego ardiendo, como una acción de gracias por poseer en ese momento, ese bien tan importante, lo invocaban para no ser abandonados durante las excursiones en busca de alimentos o en los temporales.

Al parecer eran monoteístas, entre los yámanas se llamaba Temauquel, era el dueño de los animales, árboles etc. Y él les permitía, a los hombres matar lo necesario para subsistir. Todo el quehacer diario estaba impregnado, por la creencia en este ser sobrenatural.

No tenían ni imágenes, ni sacrificios, ni culto formal, tampoco sacerdotes, cualquiera persona, en cualquier lugar, podía pedirle, agradecerle o increparlo, directamente, sin necesidad de intermediarios.

La naturaleza no pertenecía al ser humano, ni estaba a su servicio, es así como los hombres guardaron el perfecto equilibrio ecológico y agradecieron el poder disponer de animales, donados por el dios, para que viviesen.

Poseyeron también, una cosmogonía poblada de espíritus menores, que personificaban las fuerzas de la naturaleza, los animales y otros fenómenos del medio ambiente.

Conocían infinidad de leyendas y mitos, sobre un mundo fantástico. Todas sus creencias se apoyaron firmemente sobre la base de su medio natural, explicándoselo y aprendiendo a respetarlo, cuidarlo y utilizarlo para vivir, como un don sagrado.

CONCLUSIONES

A través del trabajo, vimos como funcionó su cultura en el medio ambiente en que vivieron. A modo de conclusión, veremos a que se debió la desaparición de estos pueblos. Si ella fue producto del clima, de la vegetación, de la fauna, del relieve o de algún otro fenómeno natural, eso nos estaría indicando que su cultura, no era lo suficientemente apropiada, para esa región y que debieron modificarla.

Las poblaciones originales de estos tres pueblos: (utilizando los cálculos aproximados hecho por M. Gusinde).

Kawéshkar: Teniendo en cuenta la dilatada extensión geográfica del archipiélago de la Patagonia occidental es probable que el número de kawéshkar llegaba a los 5.000 (M. Gusinde p. 125). Establece este cálculo, relacionando el área, con la capacidad de recursos alimenticios de esa zona, obtenidos por la economía nómada.

Yámanas: Si se miden las costas navegables, tenemos una extensión en la que pueden moverse con facilidad unas 450 canoas para la búsqueda de alimentos promedio de seis tripulantes cifra de la primitiva población de cerca de 3.000 (M. Gusinde p. 119).

Selk-nam : La Isla Grande de la Tierra del Fuego una llanura de cerca de 48.000 Km2 se atribuye a cada persona una parte de llanura de 10 Km2 cuya proporción no es muy elevada para una tribu de caza nómada – se puede deducir que la máxima población de los selk-nam era de 3.500 a 4.000 personas (M. Gusinde pp. 96-97).

Sabemos que estos pueblos mantuvieron una población más o menos estable, si por algún motivo decrecía, pronto se recuperaba y no permitieron que creciera demasiado, lo cual ocurría naturalmente, porque hubiera ejercido una presión mayor sobre los medios de subsistencia, provocando hambrunas o escasez en períodos difíciles. Actualmente estos pueblos están casi totalmente extinguidos, quedando algunos mestizos solamente, todos ellos han perdido total o parcialmente su antigua cultura.

¿A qué se debió esto?

Una de las causas, fue el vestir a los indígenas canoeros con ropa occidental, lo cual les acarreó rápidamente la muerte, provocada por fuertes resfríos y enfriamientos, debido a que permanecieron con esta ropa mojada sobre el cuerpo.

El hombre blanco, sin saberlo, los aportó las epidemias de gripe, tuberculosis, sarampión etc. para las cuales no tenían inmunidad. Estas enfermedades, arrasaron con la población, se contagiaron en su mayoría, en los centros misionales que establecieron los cristianos, donde se reunían.

El alcohol, bebida totalmente nueva para ellos, les ocasionó estragos.

Las enfermedades venéreas se difundieron, atacaron a los adultos y produjeron el nacimiento de niños mal conformados.

Durante este siglo, se produjo el fenómeno de que cierto número de chilotes, abandonando, cada año sus islas, adoptaron una existencia nómade en los archipiélagos, desde el Golfo de Penas, hasta el Cabo de Hornos. Se ocupan en cazar animales de piel fina o cortar árboles, sacar moluscos y crustáceos, para venderlos más al norte de los archipiélagos, se mezclan con las poblaciones kawéshkar y yáganas ejercen la más nefasta influencia. (J. Emperaire p. 59). En su opinión eestos hombres además de haberse comportado brutalmente, con los indígenas, les han repartido alcohol, para apoderarse de sus pieles u otro bien, les han llevado enfermedades y les arrebataban su alimento, además de violar sus territorios.

La Pampa meridional, que estuvo poblada durante una diez mil años, en sólo medio siglo se acabó con su población:

La introducción de la oveja, pisoteó las galerías de los cururos, acabando con este animalito, alimento fundamental de los Selk-nam del norte. Los campos fueron cercados y los guanacos cazados. ¿Qué hacer? Cazar una oveja, ante esto los ovejeros, debieron defenderse, los indios eran hostiles y practicaron la caza del indígena, igual como lo hicieron los buscadores de oro Propper, en el extremo sur y los marineros, que pasaban por el Estrecho de Magallanes, que hacían puntería, desde el barco, sobre las fogatas y canoas de los indígenas. Podemos concluir, que su muerte se debió a la imposibilidad de seguir practicando su modo de vida debido a la incursión del blanco en su territorio. Su cultura fue un éxito, como adaptación a este medio, sólo que no estaban preparados para este desconocido peligro.

BIBLIOGRAFÍA

*Los Nómades del Mar, Joseph Emperaire
Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago de Chile, 1963.

*Culturas y Pueblos de Chile Prehispano, Osvaldo Silva G.
Editorial Salesiana, I edición, Impresor Salesianos, Santiago de Chile, 1980.

*Hombres Primitivos en la Tierra del Fuego, Fueguinos, Martín Gusinde, Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, Serie 3: N. 5, Sevilla, España 1951.

*La Estructura Social del Pueblo Yámana, Julio Philippi Izquierdo, Editorial  Universitaria, I edición, Impreso en Chile 1978.

*Prehistoria de Chile, Grete Mostny, 3 edición, editorial Universitaria, impreso en Chile, 1974.

*Historia del Pueblo Chileno, Sergio Villalobos, Tomo I, editado por el Instituto Chileno de Estudios Humanístico, 1980.

Dado que he utilizado, sólo un libro por autor, en las citas bibliográficas, aparece solamente el nombre del autor y la página, sin el título de la obra.

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