Juan Pablo Sutherland
Enero 2002
publicado en critica.cl en Marzo de 2004

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El Cofre, la extraña
tonalidad del lenguaje tránsfuga de Eugenia Prado
Cofre : Caja resistente de metal o madera
con tapa y cerradura para guardar objetos de valor.
Definición extraida de la RAE
La primera constatación es que la literatura no
es aquel hecho bruto del lenguaje que se deja a poco penetrar por la pregunta
sutil y secundaria de su esencia y su derecho a existencia. La literatura
en sí misma, es una distancia socabada en el interior del lenguaje,
una distancia recorrida sin cesar y nunca realmente franqueada.
Lenguaje y Literatura
Michel Foucault
1. La densidad del lenguaje:
Eugenia Prado es una voz y una estrategia, un cuerpo de citas que no refiere
a un lugar sino a una multiplicidad de sentidos, gestualidades y alumbramientos.
Desde este texto inaugural, El Cofre, pasando por Cierta Femenina Oscuridad,
hasta Lóbulo, su última novela, percibimos la constitución
de una propuesta que no esquiva su densidad, sino que re-archiva los efectos
de la luz tenue en la fotografía afilada de la realidad que construye.
Eugenia Prado es una escritora de zonas, de imaginarios no disciplinados
en la actualidad narrativa. Su gesto se dispone a indisponer, a molestar
desde su dificultad, desalojando el recurso-lector-subordinado y obviamente
traducible, a un lector-vigilado y atrapado en sus mundos lacerantes.
La política escritural de Eugenia Prado es, entonces, un desarmarse
en la agresión de la totalidad. Sus desplazamientos registran una
interrogación constante, donde la yuxtaposición de estructuras
configura un palimpsesto de hablas y lenguajes, de superficies y fracturas
que, finalmente, nos demuestran la transparencia de zonas no codificadas
y poco habituales en nuestra literatura.
2. El habla como rito:
La productividad del rito, en tanto lengua que desafía al logocentrismo
escritural del hombre, es el habla que se hace extranjera en la propia
tierra. Prado re-significa en El Cofre su mirada anoréxica para
el discurso político de su contexto, señalado claramente
como fuga al discurso militante y a la carga omnipresente de la dictadura
a finales de los ochenta. Escritura que gestualiza el rito del habla,
oponiendo cuerpos disidentes al mandato social de las convenciones sexuales
versus la racionalidad- lineal de una práctica política.
El Habla como rito es, en El Cofre, una señal de autismo genérico
disolviendo las oposiciones binarias de lo masculino y femenino, en tanto
discurso público de un "mundo privado" y despolitizado.
Prado realiza la operación quirúrgica que ha diseñado
el feminismo desde sus saberes, es decir, politiza el cuerpo en tanto
disidencia, politiza el habla-saber de un estigma y disuelve a la Polis.
3. La disolución de los géneros
Atentar contra el orden simbólico, invadir las cárceles
significantes del andamiaje masculino y femenino, parodiar la escena corporal
de la voz masculina en tanto asedio, forman parte del dispositivo utilizado
por Prado en su secuencia cotidiana de la re-creación de voces.
" ¿Será acaso en calco mala copia de ese hombre? O
es que hubo deseado serle en parecido en aquello de placer, tantos como
cuantos quisiera y martirizarlo siendo doblemente pecadora, hija, y hembra
igualmente perversa" (Pag-13). Así, la pregunta es el formateo
sistemático de un desalojo, de un saqueo al simbólico orden,
de la ley del padre. Prado enfrenta la erosión de los géneros
a través de un movimiento múltiple: delirar, tras-tocar,
dis-locar, tensionando el rígido mapa racional y posibilitando
otras lecturas, otros sentidos de permanecer, de gestualizar la propia
soberanía.
4. La impostura de la voz como recurso.
Impostura: (Definición de la RAE), Imputación falsa y maliciosa.
Fingimiento o engaño con apariencia de verdad. Según esta
definición, el recurso de la voz arma una nueva estrategia: Negar
la apelación de la verdad en el juego perverso de los lugares,
El padre, la hija, la niña, la mujer, como voces que expulsan la
verdad, o verifican el espejeo de sus erotismos, de sus convenciones sociales
en los otros.
5. El cuerpo como carencia.
La constitución de saberes en El Cofre pasa por el establecimiento
precario de usos corporales donde el deseo habita en la carencia. "No
hay vergüenza, no descontento al morboso placer que deja la tibieza
del cuerpo ya vaciado, más bien asco reconocido el intermediario,
asumiendo aquel estado de interferencia" ( pág.85). Así,
logramos resentir las sensaciones, re-mirar el movimiento corporal que
se vive en la precariedad de un deseo siempre interrogando al otro, a
la otra.
6. La fragmentariedad versus la totalidad.
Eugenia Prado ha diseñado un paisaje narrativo que asume la única
posibilidad de permanecer : esquivar la totalidad en tanto linealidad
discursiva de la escritura. En El cofre observamos la tensión abismal
y focalizada de un lenguaje narrativo que apela a una inquietud, a una
extra-polación, como si en el vértice entre literatura,
lenguaje y escritura hubiese una cercanía que se debe expulsar
en cada momento. En aquel vértice enigmático y oscuro, la
escritura fragmenta lo real, escritura que se hace eco de una sonoridad
poco agenciable a la frecuencia rítmica de una narrativa complaciente.
Esta escritura deja la grandilocuencia y la literariedad como recurso,
para situarse en el borde del borde, preguntando al lector-militante sobre
las trampas de las convenciones tanto sexuales como genéricas.
La totalidad es disuelta en El Cofre como una política de resistencias,
como un simulacro a la hora de institucionalizar una forma de escritura.
7. La grafía como huella. El diseño como señuelo.
La escritura, pensada como signo, vuelve a re-plantear preguntas clásicas
en tanto el montaje de significados y significantes en una trama discursiva.
Eugenia Prado no quiere desentenderse de un oficio que guiña a
otro, escritura y diseño como un todo fragmentado, diseño
y polifonía en el paisaje visual que la escritora manipula junto
a un colaborador del libro, el artista plástico Eugenio Dittborn.
No deja de sorprender que este libro, mutación de su época
anterior, deje la piel vieja para re-constituir un nuevo lugar. El Cofre
de Eugenia Prado ha sido pensado como objeto y deseo en un mismo vértice,
gesto que se evidencia en la factura interdisciplinaria del libro. Sin
duda, un nuevo sentido agregado que genera una plusvalía estética,
imaginando al libro su legitimidad como objeto, como artefacto, en la
medida que juega con la metáfora escénica de un Cofre cerrado
y abierto, y que guarda en su interior las cargas significantes que lo
constituyen.
8. La disidencia como señaletica de una zona.
Eugenia Prado es una escritora que ha generado complicidades escriturales
con otros lugares, es así que, en la distancia y cercanía
de la escritura de Diamela Eltit, dialoga con imaginarios que, entre sus
líneas o estrategias, se desplazan por una interrogación
al canon, a la disolución de lo masculino y femenino como representaciones
simbólicas y materiales de un orden cultural, partes integrantes
de la aguda estrategia escritural de Diamela Eltit. En otro sentido, se
podría relacionar los imaginarios de Lóbulo, Cierta Femenina
Oscuridad y El Cofre, con las genealogías narrativas dejadas por
María Luisa Bombal o Marta Brunet, cuyas escrituras re-situaron
el imaginario representacional de las mujeres, para hacer guiños
y generar sutiles sospechas, instalando subjetividades que emergían
entre-líneas por las tradiciones literarias.
9. La fragilidad perversa versus el sujeto histórico de los ochenta:
los indicios y rastros de una escritura tránsfuga.
Finalmente, el gesto de re-edición de este libro inaugural de la
escritura de Eugenia Prado es, también, una re-constitución
de lugar y una necesaria valoración de una escritura que, obviando
los lineamientos generacionales y recursos estilísticos de moda,
ha generado una sugerente zona imaginaria que desafía al orden
simbólico, al logos masculino. El Cofre no sólo inaugura
en la escritura de Prado su propio pulso narrativo, sino también
deja huellas de un recurso y una política disidente, en una época
(años 80) donde se privilegiaba, en el escenario global, la subordinación
de la escritura al proyecto social de transformación histórica.
Prado en su molestia, gestionaba su mayor logro: responder a la época
con un plan narrativo que instalara la incomodidad del lenguaje frente
a aquella representación político-militante y a su orden
simbólico masculino. El Cofre de Eugenia Prado pertenece a la historia
disidente de las escrituras chilenas y latinoamericanas, ya que generó
un campo de disolvencias que, junto a otras escrituras bastardas y minoritarias,
apelaron a una nueva re-significación de las escrituras como cuerpos
políticos interrogando a la centralidad del poder. |