Jaime
Vieyra-Poseck
art. publicado el 04/01/06

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El ser o no ser de la segunda vuelta:
Concertación versus Alianza
Puestos a elegir entre los logros de la Concertación y para hacer
un poco de historia, cabría destacar, primeramente, que esta coalición
cuatripartita, es un fenómeno inédito, a nivel local y también
mundial, por su capacidad de cohesión, su alto grado operativo
y su longevidad. Con este potencial, ha logrado la gobernabilidad del
país después de la catástrofe de la larga dictadura;
una gobernabilidad que ha pacificado al país, y lo ha puesto nuevamente
en el mapa mundial como una importante referencia democrática a
tener muy en cuenta (a pesar del sistema de elecciones binominal). Paralelamente,
ha consolidado, con muchas dificultades por los enclaves autoritarios
que dejó la dictadura, la democratización de las instituciones
del Estado, sacándolas del desprestigio en que estaban sumidas,
otorgándoles una sólida legitimidad y credibilidad. A todo
esto, se agrega una política económica con un claro contenido
social que ha impactado positivamente, entre otros ítems, en la
disminución notable de la pobreza.
Esta conciliación entre libre mercado y universalización
de las prestaciones sociales, en una tentativa de articular y plasmar
un programa social de envergadura, es un mérito destacable de la
era concertacionista; ecuación complejísima de materializar,
más aún en la coyuntura económica e ideológica
actual tanto local como mundial, recargada de incertidumbres. Es destacable
aquí señalar que la política económica de
la Concertación no ha estado dominada por el dogmatismo neoliberal;
sus programas sociales, cargado de políticas públicas, y
la regulación permanente del mercado, así lo demuestra.
Este bosquejo, muy general, de los logros de la Concertación en
lo que va de sus tres gobiernos es, sin ningún género de
dudas, un avance a preservar.
Así es, este conglomerado nació como una coalición
histórica para sacar al país del autoritarismo y afianzarlo
en la democracia. Lamentablemente, no se han resuelto los graves problemas
de que adolece la democracia chilena, y a pesar de que los enclaves autoritarios
que dejó la dictadura -senadores designados y vitalicios, COSEMA
y la imposibilidad del Presidente de la República de remover a
los jefes castrenses- se ha resuelto después de un largísimo
y desgastante proceso para convencer a la derecha, heredera del pinochetismo,
para que apoye estas reformas, queda el perverso sistema binominal de
elecciones, matriz de una desvirtualización gravísima de
la representación popular. No es posible, bajo ningún concepto,
posponer sine die el cambio de este sistema electoral. Porque Chile no
puede continuar teniendo este sistema electoral que vacía de contenido
su democratización. Que continúe este sistema, es el mayor
agravio al país y a los electores.
Superado los enclaves autoritarios -y esperamos que la próxima
elección el sistema binominal sea sólo un mal recuerdo para
Chile- y cerrando esta etapa histórica, la Concertación,
con Bachelet como Presidenta, debe plasmar, y hacer real, lo que está
en su programa. Esto es, a mi entender, democratizar la democracia e institucionalizar
la solidaridad. ¿Qué quiere decir esto? Nada más
ni nada menos que la democratización y solidarización económica
y social del país en beneficio de las grandes mayorías.
Esto es, crear los mecanismos, tanto políticos como económicos,
para la distribución justa de la riqueza; o sea, la conciliación
de una política económica de liberalización con una
política social aún más cohesionada. Acentuar la
fórmula que hasta ahora ha desarrollado la Concertación:
liberalización de la economía, quitando barreras, pero sin
discriminar los controles adecuados y, paralelamente, propiciar una política
social mucho más activa, capaz de universalizar las pensiones,
la sanidad, la vivienda y la educación. En una palabra: redistribuir
bien y más la riqueza, que no la pobreza, para sacar a Chile del
subdesarrollo y convertirlo en un país desarrollado y solidario.
Para lograr esto, es necesario crear un gran pacto social, político
y económico para sacar a Chile del subdesarrollo, lo más
amplio posible, por encima y por debajo de las ideologías, doctrinas,
corporativismos y partidos políticos, de tal forma que el proyecto
cristalice más bien en el sentido común que en uno sólo
partidista.
En fin, esta coalición, nos guste o no, ha permitido la gobernabilidad
y ha sacado al país, sin grandes traumas sociales, del totalitarismo
más cavernario, a la democracia, logrando modernizar al país.
No hay ninguna otra fuerza política capaz de llevar a cabo la segunda
gran tarea que reclama todo el país: sacarlo del subdesarrollo.
El otro conglomerado, la derechista Alianza por Chile, heredera del pinochetismo,
demagógicamente propone el "cambio", pero en realidad
representa la involución. Fueron gobierno de facto durante diecisiete
años, y son responsables políticos de las violaciones a
los derechos humanos más fundamentales, como la vida, durante todo
ese período (lo de "humanismo cristiano" sólo
es una ilusión electoralista de Sebastián.Piñera.
o, más bien apela al humanismo cristiano ultraconcervador, los
que, por cierto, estuvieron siempre con la dictadura y la represión;
el humanismo cristiano progresista estarán, qué duda cabe,
con Michelle Bachelet). Actualmente, la Alianza por Chile, no proponen
en realidad ninguna alternativa nueva que el mismo neoliberalismo salvaje,
excluyente y elitista de siempre, sin ningún programa social de
envergadura. Además, la antropofagia política de que adolece
la derecha chilena, continúa siendo endémica, a pesar de
todos los esfuerzos por minimizarla, y se ve con mucha incertidumbre,
y como una ecuación imposible, que la Alianza pueda articular la
gobernabilidad del país.
Es, entonces, en la Concertación, con Michelle Bachelet en el
gobierno -que, por cierto, propone un nuevo estilo de liderazgo, mucho
más amable, más atento al ciudadano de a pie, no autoritario
ni patriarcal; en definitiva, un liderazgo moderno, de acuerdo al siglo
XXI- , donde deberían centrarse todos los esfuerzos para potenciar
esta nueva fase del proyecto político de esta coalición
que, si se hacen las cosas bien y se toman las medidas adecuadas, es absolutamente
viable. |