Zenobio Saldivia
U. Tecnológica Metropolitana
Silvia Becerra
U. de Viña del Mar

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El Mercurio de Valparaíso: precursor de la difusión
científica en Chile
Cuando se piensa en el despertar intelectual del Chile
decimonónico, frecuentemente se asocia este fenómeno con
la consolidación de la independencia política, luego de
los avatares de la reconquista; ello no es así. En efecto, si bien
el proceso emancipador es significativo, porque crea las condiciones mínimas
para que se difunda la literatura europea y se expresen abiertamente las
tendencias culturales del período; es necesario además,
que se den una serie de variables que permitan que la dormida inteligencia
chilena empiece a descollar. Entre estos sucesos que van allanando el
camino para que el país se inserte en la cultura universal con
expresiones propias, es previo la etapa de ordenamiento como nación
y la consolidación de los principios republicanos, que se observa
en la década del treinta del Chile decimonónico. Además,
es necesario un cierto incremento económico y un auge exportador
en el país, como el que se observa por ejemplo en la década
del cuarenta. Lo anterior, es fuente de admiración de muchas otras
repúblicas recientemente independizadas de España; también
contribuyen notoriamente a este proceso, las tertulias y las fiestas de
la aristocracia, en Santiago, Talca, Valparaíso y otras ciudades;
lo cual trae aparejado las discusiones literarias e históricas.
Lo anterior, en su conjunto constituye un universo sociocultural proclive
a la reflexión, y es un buen punto de partida para asumir compromisos
científicos y para la lectura y el estudio en general. Por eso,
no es extraño que sea justamente la década del cuarenta
del siglo XIX, el hito histórico en que se produce el despertar
intelectual y cultural en el país. Ello coincide curiosamente con
la instauración definitiva del periodismo en el país y con
el fenómeno de la aparición de nuevos diarios y revistas.
Estas expresiones periodísticas, cada vez más, van dejando
atrás el compromiso con la contingencia política inmediata
característico de las antiguas y esporádicas publicaciones.
Los nuevos colaboradores y articulistas, prefieren centrar mayoritariamente
su atención en los movimientos y tendencias culturales y artísticas
que están aconteciendo en el país y que van incrementando
el acerbo cultural de la joven república. Dicho proceso, podemos
denominarlo como la etapa de la "profesionalización del periodismo",
y acontece aparejado al nacimiento de las nuevas inquietudes culturales
de la población, tal como se ha señalado, y al ímpetu
fundacional que se observa en el país entre las décadas
del treinta y del cuarenta del siglo XIX, y que se traduce en la creación
de diversas entidades que fomentan la educación y el conocimiento
de las ciencias en el país.
Empero, dicho proceso tiene una raigambre a menudo olvidada,
esto es, que para llegar a esa situación de adecuado punto de partida
del periodismo y la eclosión de diarios, periódicos, semanarios
y revistas que principia esbozarse en la década del cuarenta y
que se desarrollará luego con mucho ímpetu entre el 50 y
el 60 del siglo decimonono, es necesario la existencia de un órgano
que mantenga una continuidad, que no se agote en la mera contingencia
y que sirva de modelo a los otros que están tímidamente
intentando abrir un espacio, conquistar un público y lo más
difícil: persistir, continuar en el tiempo. En estos avatares,
hubo al menos un órgano comunicacional que se mantuvo firme, con
una impronta definida y con una sistemática continuidad, que permite
actuar como un referente frente a los nacientes medios comunicacionales,
principalmente de la capital, sea para imitar, sea para presentar alternativas
diferentes. Ese fue El Mercurio de Valparaíso, fundado por Pedro
Félix Vicuña, quien en colaboración con los tipógrafos
Tomás G. Wells e Ignacio Silva, logra sacar a la luz pública
este medio, el 12 de Septiembre de 1827, con el objetivo de entregar información
sobre comercio, industria, cultura y ciencia a la creciente población
de la región de Valparaíso primero y que luego, en las próximas
décadas se va expandiendo por todo el país.
Ciencia, artes y manufacturas
Por cierto que entre los objetivos mencionados, queda implícito
el ideario liberal de su fundador. Y en cuanto a su propósito de
difundir conocimientos científicos, aunque no queda claramente
estipulado, cabe destacar que en la práctica de su periodicidad,
se va cumpliendo notoriamente un rol que hoy llamaríamos de "difusión
científica". Por cierto, en esta etapa, dicha tarea es implícita
y mecánica y no está esbozada con propiedad; pero dentro
de su esquema casi libresco y enciclopédico, conque aborda los
temas nacionales, de historia y de cultura universal, se va perfilando
una preocupación o tal vez, podrí9amos decir: "una
presencia científica"; toda vez que aborda todas las formas
de expresión cultural y cognoscitiva, entre estas ciertas noticias
vinculadas al conocimiento científico. Lo anterior no significa
que El Mercurio de Valparaíso, tenga claramente definida en su
primera etapa, la o las secciones de ciencia que está divulgando;
más bien, su forma de entregar los conocimientos científicos
de la época, (finales de la década del veinte, décadas
del treinta y cuarenta), es casi un mosaico o un puzzle que hay que descifrar;
sin embargo hay algunas constantes. Entre estas, el interés del
periódico por el continuo devenir de las aprehensiones cognitivas
propias de los distintos campos del saber y un notorio énfasis
por "las artes y las manufacturas" como se denominaba en esa
época a la tecnología. Esto, dentro de un marco de profundo
asombro social por el impacto de la aplicación de los conocimientos
a la esfera humana y al medio natural. Las disciplinas que más
asocia El Mercurio de Valparaíso con las ciencias son: medicina,
higiene pública, anatomía, viticultura, sismología,
vulcanología, electricidad, química, geografía, mecánica,
astronomía y egiptología. Y dentro de tales disciplinas,
hay una cierta preferencia por tópicos determinados; v. gr. en
cuanto a la medicina, interesaban de sobremanera por las cusas de la caída
de los dientes, enfermedades del hígado, estudios sobre la viruela,
cálculos en la vejiga, casos de teratología, casos de oftalmología
y otros. Por ejemplo, en cuanto al interés por los temas de medicina,
en la edición del 14 de Febrero de 1829, se lee: "Un distinguido
artista tenía un hijo de siete años y empezó a darle
lecciones de dibujo; pero cual sería su sorpresa al ver que el
muchacho dibujaba al reves cuantas figuras se le daban por modelo......
Se ha observado muchos casos análogos á este: un abogado
estuvo viendo por espacio de algun tiempo todos los objetos inversos:
las casas le parecian edificadas sobre sus techos, los hombres andando
de cabeza. Esta observacion dependia del desorden en que se hallaban sus
organos digestivos; y asi es que desapareció en el momento en que
cesó la causa, de que tomaba su origen." (1)
Y en cuanto a la higiene pública, el tema central
es la preocupación y o mecanismos para prevenir el cólera,
las condiciones del medio ambiente, la creación de un cuerpo policial
especial para cautelar la higiene pública y otros. Y en relación
a las inquietudes por la astronomía, estas se expresan mediante
un notorio interés por la aparición reciente de cometas
o por los que están supuestamente por venir en los próximos
años. Y si se considera el aspecto cuantitativo referente a una
menor cantidad de las apariciones o informaciones científicas de
este medio, podríamos hablar de un segundo plano, o un segundo
nivel de disciplinas científicas, entre estas se ubican: historia
natural, botánica, entomología, topografía, geología,
matemática y geometría. Probablemente esto se deba a la
aridez de los contenidos de las ciencias formales como la matemática,
por una parte, y al atraso o "desconocimiento" en el país,
de la botánica y la taxonomía; después de todo, recién
en 1830 el gobierno chileno contrata al botánico francés
Claudio Gay, para que realice una exploración del cuerpo físico
del país y clasifique todos los referentes principalmente del medio
orgánico, que hubieren en el país. Y algo similar se puede
adelantar con respecto a los estudios rigurosos de la geología
y de la mineralogía; toda vez que el comienzo de los estudios mineralógicos,
geológicos y químicos, principia institucionalmente con
la traída de Ignacio Domeyko en 1838, para hacerse cargo de la
Escuela de La Serena.
Es curioso en todo caso, que entre los autores que más
se mencionan como aportando algo al conocimiento científico, aparece
Humboldt; pero en este caso se muestra más que como interesado
en la historia natural o en la taxonomía, se destaca su faceta
de geógrafo o de vulcanólogo. Seguramente ello es así,
por la impresión que causaban a los viajeros y sabios extranjeros,
los movimientos de tierra o los frecuentes terremotos que acontecen en
Chile, además de la notoria preocupación que se gestaba
en los habitantes del Chile decimonónico. De manera que es muy
probable que dicha inquietud casi natural de la población, hay
influido tácitamente en la selección de noticias científicas
de los articulistas, y por ello aparezca mencionado Humboldt frecuentemente.
La percepción de que la ciencia puede irse gestando
in situ, en el propio territorio, todavía no está muy definida,
en especial hasta la década del cuarenta; ello es comprensible,
pues ya dijimos que sólo en la década del treinta Chile
se abre oficialmente a la tarea de la adquisición del conocimiento
de su propio medio orgánico, físico, estadístico
y social. En todo caso, hay cierta "intuición" de que
ello sería posible de realizar, en cuanto a estudios botánicos
vinculados a la conquiliología -aunque sin aludir expresamente
a dicha disciplina- en algunos lugares como Valparaíso; v. gr.
en la edición del 17 de noviembre de 1829 se lee: "No hay
lugar más propio para este estudio que Valparaiso, en cuya bahia
se hallan mas de quince variedades de conchas. Una de las mas curiosas
es el chiton. Este pertenece á la clase multivalva por tener sus
coyunturas unas sobre otras como lorigas. Casi siempre tiene 8; pero se
han hallado algunas con seis ó siete, aunque son muy raras, y se
deben considerar como lusus naturae... De esta especie ó genero
no hay menos de cuarenta y de las cuales veinte y cinco se hallan en el
Pacifico, y algunas aun en la bahia de Valparaiso." (2)
Fuentes de donde obtienen la información los escritores
o articulistas
Los datos e informes científicos son tomadas de otras fuentes escritas,
principalmente La Gaceta de Colombia, The Atlas, El Mercurio Chileno,
La Gaceta de Quito, el Diario de la Habana, o la revista El Mensajero
de ambos mundos, entre otros. En su primer a fase, desde 1827 hasta la
década del cuarenta, no existe lo que hoy se denomina "periodista
especializado" que busque por si mismo las fuentes científicas;
simplemente el mismo articulista que abordaba diversos tópicos,
se encargaba de seleccionar y redactar escuetamente las notas que hoy
llamaríamos de divulgación científica. Esto se comprende
puesto que generalmente el o los articulistas eran sujetos cultos y polígrafos,
como para poder presentar este devenir científico, dentro de los
intereses de los lectores y de los cánones culturales de la época.
A manera de conclusión
La mayoría de los contenidos científicos del Mercurio de
Valparaíso de las décadas del veinte hasta la del cuarenta,
del siglo XIX, consisten en un simple traspaso de la aprehensión
cognitiva europea de las distintas disciplinas, principalmente medicina,
astronomía, vulcanología, higiene pública, química
y las otras ya mencionadas. Estas explicaciones científicas, en
todo caso, se presentan de manera muy concisa y simplificada, e incluso
hasta didáctica, para que sean entendidas por el público
heterogéneo que podía tener acceso a este medio.
La década del cuarenta, es un periodo en que este
medio se amplía a nuevos horizontes culturales, abriéndose
más a la literatura a la historia y a las expresiones artísticas.
Y en este sentido es posible colegir que contribuye al boom literario
y al desarrollo intelectual y científico de esta época,
toda vez que -como ya señaláramos al inicio- es el momento
en que como país se observa un despertar intelectual que atraviesa
a la literatura, a la historiografía, al sistema educacional, al
periodismo y a la política normativa del país; proceso que
genera un cuerpo teórico cultural propio y fomenta el devenir de
las ideas tendiente a la consolidación de la República en
el ámbito cultural.
Notas
1. El Mercurio de Valparaíso, 14 de Febrero de 1829.
2. El Mercurio de Valparaíso, Martes 17 de Nov. de 1829; p. 1.
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