Zenobio Saldivia
U. Tecnológica Metropolitana, Santiago Chile, Noviembre 2003

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JOSE VICTORINO LASTARRIA: DEL ROMANTICISMO AL POSITIVISMO
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José V. Lastarria
José Victorino Lastarria, nace en Rancagua en 1817, y a los doce
años estudia humanidades en el Liceo de Chile y continúa
luego en el Instituto Nacional. En 1836 obtiene su título de Bachiller
en Leyes. Siete años más tarde se inicia en la vida política
al ser electo diputado por Elqui y Parral. Y de aquí en adelante
su presencia en la vida política, literaria y cultural en la joven
República de Chile no pasa desapercibida. En efecto, su voz y su
palabra escrita está siempre presente en los campos de la educación,
del derecho, de la política, de la diplomacia, y en especial de
la literatura. Lo anterior, justamente es una de las causas que dificultan
los intentos de clasificarlo en una u otra tendencia literaria o filosófica
que están en boga en Chile durante el siglo XIX. Lastarria, es
tal vez uno de los autores más difíciles de clasificar dentro
de los géneros literarios y del campo de la historia de las ideas
en general; tanto por su extenso derrotero biobibliográfico, cuanto
por los contenidos específicos que se perciben en sus obras como
ejes centrales de las mismas. E incluso, también, por su discurso
político y público en general, tendiente a la construcción
de la república y a la búsqueda del bien colectivo de la
nación. Las dificultades para una adecuada clasificación
de este político, crítico, ensayista, literato y académico
decimonónico, aumentan en efecto, si consideramos la totalidad
de sus aportes a la cultura escrita del Chile del Siglo XIX, la cual,
según Fuenzalida Grandón, cubre tópicos tales como:
los estudios políticos y constitucionales, los discursos parlamentarios,
las investigaciones históricas, los opúsculos literarios
y críticos, los cuentos, novelas y poesías, las disertaciones
jurídicas, las descripciones geográficas y de viajes en
general y sus notas misceláneas. (1) Si bien para la mayoría
de los biógrafos y estudiosos de su obra, Lastarria es efectivamente
un romántico; su prosa presenta muchas aristas y aspectos muy diversos
dentro de lo que tradicionalmente se entiende por discurso romántico
decimonónico. Esto es muy comprensible dado los distintos sentidos
en que se percibe el romanticismo en esta época, y sobre todo por
el amplio rango cognitivo y valórico que lleva implícita
dicha voz; toda vez que se aplica a una tendencia literaria o artística,
a una filosofía de la naturaleza y la sociedad, o a una forma de
vida, por ejemplo. En efecto, para muchos es un autor romántico
en tanto alude a la búsqueda estética de una prosa literaria
que de cuenta de la naturaleza vernácula del país y de las
vicisitudes de su geografía, y porque destaca a los hombres y a
los avatares de la gesta independentista. Y sabemos que tales énfasis
son parte de la expresión literaria romántica en América
que siguen también Bello, Sarmiento, Vicente Fidel López,
Alberdi y otros. Y porque dichos tópicos narrativos son empleados
como nuevos procedimientos que apuntan a consolidar una literatura nacional,
una prosa que deje atrás a la literatura colonial saturada de las
antiguas tradiciones y de los cánones hispánicos. Es también
un romántico, puesto que incorpora en su prosa a sujetos exponentes
de la marginalidad social; tal como los proscritos de «El mendigo»
(1843), «El manuscrito del diablo» (1849) y de otras de sus
obras. Temas todos, que son considerados holgadamente como románticos.
Y en este sentido está coparticipando con Bello y Sarmiento, en
lo referente a la búsqueda de lo propiamente americano. Pero también
es un romántico, en tanto logra fundar en Chile, en la década
del cuarenta, un movimiento literario que está matizado por la
influencia romántica francesa. Lo propio puede decirse, en tanto
él y sus seguidores se sienten imbuidos de un espíritu mesiánico
que permitirá la creación de una literatura esencialmente
chilena y con una proyección hispanoamericana; tal como lo ha destacado
Subercaseaux. (2) E incluso, también se considera a Lastarria como
un romántico social, porque sus trabajos apuntan siempre a destacar
el ámbito social y las preocupaciones de los grupos más
postergados. Estos aspectos de su interés literario, podrían
configurar la primera fase de Lastarria, el Lastarria joven, romántico
e idealista.
Para Subercaseaux, José Victorino Lastarria es un romántico
muy peculiar que está imbuido precozmente de una orientación
liberal, que lo acompañará como un estigma en todo su quehacer
desde que en 1836 se inicia como profesor hasta casi la fecha en
que muere (3) y que queda definitivamente decantada en el país
en la década del cuarenta, en el marco de las discusiones literarias,
metodológicas e historiográficas que motivan a los intelectuales
del período, una de cuyas expresiones literarias de este nuevo
soplo intelectual, es justamente la creación de la Sociedad Literaria,
en 1842. De modo que su discurso, sobre todo en su primera etapa; es más
bien idealista y utópico, en tanto pretende difundir las ideas
liberales, la búsqueda de una identidad nacional y/o americana
y hacer conciencia de la necesidad del desarrollo del país; ello
en un período en que todavía dicha inquietud no tenía
un asidero real, afianzado en la sociedad. (4)
Empero, curiosamente Lastarria en los años de su madurez se va
inclinando notoriamente por los tópicos más frecuentes del
positivismo, tal como el mismo lo señala. En 1864, por ejemplo,
a los 47 años, declara haber leído la obra de Comte: Cours
de philosophie positive y se identifica como positivista. Es el inicio
de otra etapa del que se apropia de la nueva tendencia y que además
se siente. Así, imbuido de este nueva corriente filosófica
y científica, continúa luego en 1873, creando entidades
que difundan y fomenten las ideas comtianas, como por ejemplo La Academia
de Bellas Letras; agrupación donde se reúnen un grupo de
intelectuales liderados por Lastarria con el propósito de incentivar
el cultivo de la literatura como expresión de la verdad y según
las reglas sugeridas por Comte, las cuales se identifican a su vez, con
las normas de rigor que exigen las obras científicas y en conformidad
con los hechos demostrados de un modo positivo. Al año siguiente,
nuevamente Lastarria, marca otro hito en el fomento de esta tendencia
positivista, al asumir justamente la dirección del Circulo de Positivistas,
con el objetivo de leer y analizar las obras de Comte. Entre estos nuevos
temas que ahora complementan los focos de interés de la primera
etapa del autor, están el énfasis por el progreso, la regeneración
social, la preocupación por la ciencia, la sugerencia de cambios
curriculares en la educación centrado en el estudio del método
científico y la búsqueda del rigor lógico, su interés
por los recursos hídricos y por el desarrollo minero e industrial
del país. Estas inquietudes quedan claramente de manifiesto en
trabajos tales como: Caracoles. Cartas descriptivas sobre este importante
mineral dirijidas al Sr. Tomás Frías, Ministro de Hacienda
de Bolivia, o sus Lecciones de política positiva y otras. En la
primera obra publicada en 1871, Lastarria, utilizando el recurso del conocimiento
ya existente de las ciencias de la geología, orografía,
mineralogía y otras ciencias de la tierra; que daban cuenta de
las propiedades del cuerpo físico de Chile y de la entonces región
boliviana de Antofagasta, ubica geográficamente el mineral de Caracoles
y describe los caminos existentes y las características geológicas
de la zona donde se encuentra dicha mina. Al mismo tiempo que fundamenta
los beneficios que resultarían de explotar adecuadamente la mina
homónima. Para ello, insta al gobierno de Bolivia, a financiar
un ferrocarril desde Mejillones hasta el mineral; identificando esta posible
obra con el progreso mismo de Bolivia y con su impacto en la economía
de la región.(5) La obra es prácticamente una apología
de la riqueza de la zona y muestra un Lastarria geógrafo, pragmático
y positivista. A su vez, en el segundo libro del autor, publicado en 1875,
primero presenta su noción de política y luego se centra
en explicar la fuerte conexión de la misma con el cuerpo social.
Es justamente en este análisis donde Lastarria hace acopio y difusión
de las ideas comtianas, tales como la ley de los tres estadios evolutivos
de la humanidad, la clasificación de las ciencias y la regeneración
moral de la sociedad. Y llama la atención, en todo caso, el hecho
de que el autor en este texto que parte con la concepción positivista
comtiana, va sugiriendo nuevas formas de aplicación de las nociones
positivistas al campo educacional en Chile; entre estas: el fomento de
una educación científica o centrada en el método
positivo, desde la enseñanza elemental, y moral, la instrucción
básica y el respeto ineludible de los derechos humanos en la vida
cívica del país, entre otros tópicos.
Por tanto, en la prosa de Lastarria hay un viraje, un desplazamiento
del romanticismo hacia el positivismo. Empero este fenómeno no
llega a adquirir en el universo de contenidos tratados por el autor, un
cambio radical, es una evolución, un giro, pero que sigue teniendo
un asidero histórico en la personalidad y en el discurso en general
del autor por su centro en las ideas liberales, que actúan como
vasos comunicantes de ambos énfasis. Así, Lastarria es un
romántico en su primera etapa y un positivista en su fase de madurez,
pero en todo su devenir hay un mismo ideario: un claro afán de
impulsar el liberalismo, la obtención del progreso, el desarrollo
y la transformación social, así como la obtención
de mayores espacios públicos y privados para el ejercicio de la
vida democrática.
Z.S.M.
NOTAS
1. Cf. Fuenzalida Grandón, Alejandro: Lastarria y su tiempo,
Imprenta Barcelona, Stgo., 1911; pp. VII-VIII.
2. Cf. Subercaseaux, Bernardo: Historia de las Ideas y de la Cultura
en Chile, Ed. Universitaria, Stgo. 1997; T.I., p.51.
3. Ibidem.; pp. 35.
4. Subercaseaux, Bernardo: Lastarria, ideología y literatura,
Ed. Aconcagua, Stgo., 1981, pp.42-47 y 306.
5. Lastarria, José V.: Caracoles. Cartas descriptivas sobre este
importante mineral dirijidas al Sr. Tomás Frías, Ministro
de Hacienda de Bolivia, Impr. de la Patria, Valparaíso, 1871.
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