Zenobio Saldivia M.
Jorge Jocelin A.
U. Tecnológica Metropolitana
art.publicado el 08/01/2005

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Pedro Aguirre Cerda
PEDRO AGUIRRRE CERDA Y SU VISIÓN DE LA MUJER
Pedro Aguirre Cerda, nace en el seno de una familia modesta y de numerosa
prole, en Pocuro, cerca de la Villa Sta. Rosa de Los Andes, el 6 de febrero
de 1879. Su padre es Juan Bautista Aguirre Campos, y su madre, Clarisa
Cerda Escudero, quien prácticamente se dedica a criar sola a sus
hijos. La infancia del malogrado presidente de Chile, por tanto, transcurre
principalmente entre los distintos pueblos y ciudades aconcagüinas,
tales como Pocuro, Calle Larga, Putaendo, Los Andes, San Felipe y otros
lugares. Sus estudios primarios los realiza tanto en la Escuela de Pocuro
como en la de Calle Larga. El trayecto a estas fuentes de educación
sistemática, lo realiza generalmente a caballo. Por su parte, los
estudios secundarios, los ejecuta en el Liceo de Hombres de San Felipe
"Roberto Humeres Oyaneder".
Luego de sus estudios secundarios, se traslada a Santiago para ingresar
al Instituto Pedagógico, de la U. de Chile, obteniendo su título
de Profesor de Estado en Castellano, en 1900. Empero, su espíritu
inquieto no se siente satisfecho con eso e inicia nuevos estudios en la
misma Corporación de Educación Superior, esta vez de Derecho,
y en 1904 ya posee su título de Abogado. La tesis que confecciona
para este cometido, lleva el epígrafe: "La Instrucción
Secundaria en Chile". Dicha temática no es casual, es el inicio
de una preocupación por la educación en el país,
que irá tomando cuerpo, articulándose con las opiniones
de sus colegas y personeros de la vida pública, y con la experiencia
en vivo que recoge en Europa, sobre estos tópicos y su importancia.
No en balde su lema político era: "gobernar es educar".
En 1916, contrae matrimonio con su prima Juana Rosa Aguirre Luco. Lamentablemente
de estas nupcias no hay descendencia; su esposa cumple un doble papel
en su vida: le acompaña como pareja en el ámbito afectivo
y también como un referente complementario de sus propias ideas
de beneficencia social. Por eso, no resulta extraño que luego de
asumir la presidencia del país, su señora se preocupe de
inmediato por las tareas sociales y de estímulo a los marginados,
ora organizando fiestas de Navidad para los niños pobres, ora impulsando
otras tareas sociales que le permiten contar con la simpatía popular.
Muchos trabajadores, los pobres y los marginados chilenos, la denominaban
cariñosamente: Misiá Juanita. Por ello, es altamente probable,
que de no haber mediado la muerte del Presidente, su esposa, en cierta
manera, y mutatis mutandis, habría cumplido un rol similar al de
Evita Perón, en Argentina.
Entre las nuevas amistades con ciudadanos de la República, está
la vinculación de afecto y simpatía con Gabriela Mistral,
dedicándose mutuamente sus obras. V. gr. la poetisa le dedica Desolación a los esposos Aguirre Cerda, y el destacado político le dedica
el sesudo y voluminoso ensayo: El problema Agrario. Lo anterior,
está indicando una constante en la acción pública
y política de Pedro Aguirre Cerda; esto es, que su percepción
de la condición femenina, era muy avanzada para su tiempo y la
veía plenamente como un sujeto poseedor de delicadeza, de ternura
y como fuente nutricia de maternidad, pero al mismo tiempo, la percibía
integrada en el orden tecnológico imperante de la sociedad chilena,
como un ente tan productivo como los varones. Y estaba muy consciente
del papel de la mujer en las labores productivas; por ello, este autor
consideraba que la mujer debía participar también de los
otros niveles sociales y políticos aún vedados para el género
femenino, especialmente el derecho a voto, para incorporar así,
definitivamente a las exponentes del género, a la vida política
del país. Por ello, invita a Elena Caffarena y a otras destacadas
mujeres de la vida pública, para elaborar el proyecto de derecho
al voto femenino.
Luego, esta solicitud de Aguirre Cerda a las mujeres destacadas del Chile
de los "locos años 30", es un reconocimiento a la participación
de la mujer en la historia republicana de nuestro país, que se
remonta a la época de la Independencia con los esfuerzos de Javiera
Carrera, Paula Jara Quemada, Luisa Recabarren y otras, las cuales desempeñaron
un rol destacado en el proceso de la emancipación de nuestro país.
Por eso no es extraño, que esa actitud de valentía y decisión
de la mujer chilena, emerja otra vez, luego de asentada la República
de Chile en el concierto de las naciones progresistas; como por ejemplo
en 1876, en las ciudades de la Serena y San Felipe, cuando algunas damas,
se presentan a sufragar para ejercer su derecho constitucional, con una
manifiesta intención de apoyar el voto liberal.(1) Ello provoca
la ira de los conservadores de esa época; quienes, para evitar
nuevos vacíos legales, sugerirán algunos años más
tarde, en 1884, una reforma constitucional que concede este derecho solo
a los hombres. Similar esfuerzo realiza también en el plano profesional
y científico otra mujer del Chile decimonónico: Eloisa Díaz,
quien logra ingresar a la universidad, titulándose de medico en
1883. Dicho evento es el inicio de la entrada a la universidad de las
exponentes del genero femenino, aunque aún, no sin dificultad.
Por tanto, la petición de Aguirre Cerda a las mujeres mencionadas,
para formular la ley del voto femenino, es un claro reconocimiento a la
búsqueda del esfuerzo individual y colectivo de las exponentes
del género en Chile, quienes, ya desde la década del treinta
del siglo XX, manifiestan claramente una verdadera "emancipación
femenina"en sus afanes de abrir espacios para nuevas fuentes de trabajo
para la mujer, tanto en los estamentos de oficios, como en el ámbito
profesional; o para participar más en la creación y difusión
de la cultura, y de la política en general en nuestro país.
(2) Y además, esta acción del Presidente, es un puente que
tiende para unir fuerzas, para obtener otro estamento de apoyo político
y social para su causa radical y para su programa matizado por el ideario
de estimular la educación y la producción nacional. Y desde
la perspectiva sociológica, es un gesto que denota la claridad
interpretativa que tenía Aguirre Cerda, para percibir adecuadamente
la fuerza de un fenómeno social emergente, cual es el movimiento
liberador del género femenino en Chile, que ya había empezado
a mostrar importantes logros en el plano organizativo, tales como la Asociación
Nacional de Mujeres Universitarias, en 1931, o el Comité Nacional
Pro Derechos de la Mujer, que ve la luz en 1933. (3)
Así, con su énfasis por acercarse al sector femenino, Aguirre
Cerda, quiere posicionar a la mujer chilena en un sitial de vanguardia,
en el ideario del progreso y en las tareas de fomento a la producción
y a la industria; pero sobre todo, creemos que es una expresión
de un anhelo secreto que lo obliga en conciencia a dejar atrás
la difundida visión de la mujer dieciochesca, que aún estaba
presente de manera tácita en las primeras décadas del Chile
del Siglo XX. Visión que nos han legado magistralmente los hermanos
Edmundo y Julio Goncourt, por ejemplo: "...la mujer no es acogida
con jubilo en el hogar. Su llegada no constituye un día de fiesta;
su nacimiento no exalta el ánimo de los padres con la embriaguez
del triunfo: es una bendición que se acepta como un desengaño.
No es el hijo a que aspiraban y las ilusiones de los padres y las madres
en una sociedad gobernadas por leyes antifeministas; no es el heredero
predestinado a la continuidad y persistencia del nombre de los cargos
y la fortuna de una casa: el recién nacido no es mas que una niña."
(4)
Dejar atrás dicho estigma, es el propósito final de Aguirre
Cerda, en su política de acercamiento al género femenino.
Esto es, empezar a labrar políticas públicas, estamentos
constitucionales y una práctica social efectiva, que permitan enterrar
definitivamente la idea peyorativa de la mujer y que se remonta al Siglo
de la Ilustración.
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1. Cf. Vitale, Luis: "Cronología del Movimiento de la Mujeres
en Chile", http://mazinger.sisb.uchile.cl
2. Pardo, Adolfo: "Historia
de la Mujer en Chile. La Conquista de los Derechos Políticos. 1900-1952".,
Stgo., 1995: www. critica.cl
3. Ibidem.
4. Goncourt, Edmundo y Julio: La mujer en el Siglo XVIII, Edic. Apolo,
Bs. Aires, 1946, p. 21. |