MANUAL DE CÓMO CRIAR HIJOS DELINCUENTES

La difusión de ciertas modas psicologistas (”no se le debe pegar a un niño ni un solo coscorrón, ni aunque se lo merezca”), las obsesiones periodísticas con la pederastia (”no se debe tocar un niño ajeno”), las extrapolaciones juridicistas sobre el trabajo infantil (”los niños no deben trabajar en nada ni aunque esa sea la única manera de sobrevivir”), la imposición dictatorial del dogma de los derechos humanos como una verdad oficial que no se puede cuestionar (”los niños solamente tienen derechos y no deberes”), entre otros desatinos, ha ido configurando una opinión pública mundializada que legitima la destrucción (deconstrucción) de la función educadora de las familias, de las organizaciones comunitarias y de los estados.

Esta situación no es inocente: tiene efectos en el comportamiento asocial (que muchas veces llega a ser abiertamente anti-social) de muchos jovenes -y no tan jovenes- que no conocen los límites dentro de los cuales tienen que moverse en sociedad, conforme a la tradición de la sociedad de que se trate.
A continuación un compendio de la contradicción dinámica entre las normativas educadoras (integradoras dentro de la sociedad) y los no cumplimientos de esas normas por parte de quienes tienen la obligación de hacerlo (padres, jefes de organizaciones, autoridades públicas); contradicciones que explican en buena medida que la anomia juvenil devenga en un comportamiento criminal.

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