Por Jaime Vieyra-Poseck
En momentos en que la política ha sido “devorada” -nunca mejor usado este verbo excesivo- por la economía, y más específicamente, por el neoliberalismo de mercado libre desregulado políticamente, y que ya no pueda garantizar la protección pública, ni la ecológica, ni menos la económica a los ciudadanos, se hace imprescindible una revisión o reformulación de los desequilibrios que ha generado la actual teoría económica.
Primero que nada, hay que partir por reconocer que el neoliberalismo se ha transformado en la receta única a nivel mundial en los últimos treinta años, y que gobiernos de centroizquierda o socialdemócratas -el sector político de izquierda con reales posibilidades de ejercer el poder- se han visto superados por el tsunami conservador a nivel global del neoliberalismo económico. Hay que subrayar aquí que la izquierda carece en la actualidad de un aparato teórico en política económica; y han tenido que administrar el neoliberalismo desde el poder en un ejercicio de equilibrio en la cuerda floja, sin red, usando como principio político el mantra “crecimiento con equidad”, gestionando un arsenal de políticas públicas con las tasas de crecimiento que produce, qué duda cabe y enhorabuena, el neoliberalismo como una exorcizar para sanear sus principios políticos.
A partir de esta primera reflexión, hay que subrayar y reconocer para entender la supremacía del neoliberalismo económico, que la izquierda carece de una teoría económica propia, y que está secuestrada en la red neoliberal.
En este escenario hay que preguntarse ¿hacia adónde mover el foco analítico para contrarrestar el totalitarismo talibanista del mercado desregulado, matriz del postulado económico neoliberal?
Creo, esencialmente, que sería necesario dotar a la teoría económica de un alma humana en detrimento lo o puramente técnico. El sistema neoliberal de mercado desregulado maximaliza unos supuestos elementos de exactitud de lo económico, como si este sistema fuese una ciencia exacta, creando así una gigantesca inexactitud en lo social, que es, en definitiva, según muchos especialistas, donde vive y se desarrolla lo económico.
La crisis económica global que ha creado esta teoría (neoliberalismo=mercado desregulado) ha abierto sus agujeros negros y ha vaciado de credibilidad a las instituciones centrales, léase Banco Mundial y Fondo Monetario Mundial, incapaces de prevenir la megacrisis.
Este hecho empírico, la súpercrisis; ha venido demostrando que la teoría económica del neoliberalismo procesa muy bien los aspectos de matematización de los fenómenos económicos con fuertes pretensiones de asegurar el comportamiento económico como si fuese una ciencia exacta, discriminando así los aspectos sociales y políticos en lo económico.
Entonces la propuesta es: lo económico debiera volver a los postulados, poniéndolos en su contexto actual, de entre otros autores clásicos en la materia, como Smith, Keynes o el propio Marx: lo económico como una ciencia social y no exacta como lo ha pretendido el neoliberalismo (como también lo experimentó el comunismo real), capaz de entender el quehacer humano en su contexto social y dentro de su problemática in situ; que tenga en consideración el ímpetu humano y sus repercusiones sociales.
En dos palabras: una teoría económica que la sitúe en un contexto antropológico.
Si podemos aprender algo de la mega crisis del neoliberalismo en los tres últimos años, o sea, un aprendizaje reforzada con la perspectiva acreditada por esta crisis, es que lo económico no puede existir sin instituciones, sin regulaciones, sin Estados, sin lenguas y sin culturas específicas; que lo económico es una ciencia social asentada en la historia, y que posee una relación intrínseca entre filosofía social y política, y que la utilización matemática debe usarse sólo como una herramienta instrumental y no como el eje central de una galería de mercados, relacionados como entes abstractos que operan en un limbo social bajo el neoliberalismo.
Los economistas que han continuado –en medio de la vorágine conservadora en la política económica global-, planteando lo económico como una ciencia social y no exacta, fueron capaces de prever esta ya larga crisis (crisis con diferentes perfiles dependiendo si son economías de países emergentes o desarrollados); y lo han hecho por situar lo económico dentro de un contexto social, político e histórico; en forma antropológica.
Sí; si la izquierda quiere sintonizar con los ciudadanos de la segunda década del siglo XXI y tener futuro, debe hacerse con una nueva teoría económica o, por lo menos, rejuvenecer y/o reformular la actual. Sería la forma más transformadora en este momento histórico para mejorar el mundo en el que vivimos.




