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CAFÉ CORTADO Hay hartas similitudes entre Carne de Perro, de Germán Marin y Café Cortado, de Oscar Bustamante: ambas hablan de la resaca natural de los grupos extremistas, describen los símbolos de una época pasada y apuestan por una revisión del concepto de thriller en el espacio agobiado de la metrópoli santiaguina. Lo interesante es que Marín asume el reto desde la febrilidad de una escritura sin derecho a réplica, Bustamante se la juega por una obra coral, pausada que tiene al tema del deseo y el desgaste como ejes centrales. ... Café Cortado es una sutil red de historias que revisan el pasado reciente del país con el ánimo literario de complejizar nuestra memoria política. Sus personajes (un detective expulsado de la institución, una mesera de un café con piernas, unos cuantos agentes de la DINA, una terrorista confundida y un músico callejero) se enlazan entre medio de un asesinato que revisa revela desde los hilos del poder hasta el orden de las familias. No está mal. Café Cortado es fácil de leer y juega a cierta profundidad que tiene algo políticamente incorrecto. ... La complejidad colectiva del texto es sólo nominal. Bustamante esconde en la trama un montón de momentos sordos cuya gran virtud es ofrecer viñetas desencajadas que aluden al tema de la ruina y el deseo: la terrorista que guarda para sí los momentos pasados con un desconocido en cárcel, una conversación silente entre un ex tira y una mesera, y el gesto perplejo de un narrador que ata para sí las piezas de una historia irresoluta. Ejecutada de forma correcta, Café Cortado es un texto sencillo que sale airoso donde narradores como Poli Délano o Ariel Dorfman han fracasado. Bustamante lo intuye en sus páginas: a estas alturas la idea del héroe está degradada y toda verdad es una arcilla blanda y gris. Eso hace a estos relatos/novela un policial atractivo, a ratos elegante. |
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Alvaro Bisama
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